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lunes, 22 de diciembre de 2014

El retorno a Bonn (parte III)

En la última entrada, nos quedamos en el reencuentro con mis niñas.

Después de eso, nos fuimos al centro, donde pude volver a disfrutar de mis dos tiendas favoritas de Alemania: Thalia y DM. Quiero que estas dos franquicias invadan Barcelona, es una necesidad vital.
Después de eso, pasamos el resto del día haciendo turismo por Bonn y cerramos el día con una buena Currywurst y un Glühwein en el Weihnachtsmarkt (Mercado de Navidad).

Al día siguiente (domingo 7), volvimos a Casa, donde había quedado con la madre para llevarme al perro esa mañana, y dejar las maletas. Muchas diréis que estoy loca, pero mi Tontorrón se merece más de una entrada en este blog. El caso es que quería visitar de nuevo un parque precioso que tiene Bonn, Rheinaue (más información del parque aquí), y ya que iba, aprovechaba y me llevaba a mi niño de cuatro patas. Eso si, antes de irnos a pasear, mi madre alemana tuvo a bien de invitarnos a desayunar y darme las llaves de casa. Tal y como lo oís, para que me diga alguien que no soy como de la familia.



Como veis, tuvimos la suerte de tener una mañana extrañamente estupenda y despejada para ser diciembre en Alemania.

Después de pasar la mañana en ese parque, volvimos a casa a dejar al perro y nos fuimos a visitar Köln.


Hay que decir que para comprar el billete de tren, tuve que volverme a pelear con las maquinas de la estación, que para espanto nuestro, finalmente nos escupió dos "billetes" y pensamos seriamente que nos habían cobrado 40 euros de más. Después de preguntar a la señora simpática del DB, a la que le haces preguntas de SI o NO y ella solo te cuenta el PORQUE, nos enteramos de lo que ya estábamos sospechando, que uno de los papeles era el billete y el otro, el recibo.

Una vez llegamos a la ciudad, toda la buena mañana que había echo en Bonn se nos giró en un día gris de llovizna (y no tan llovizna). ¡Hasta tuvimos que abrir el paraguas! (Cosa que para quien no lo sepa, en Alemania solo se hace si cae el diluvio universal, sino, gorro y arreando).

Visitamos el centro, las orillas del Rhein y finalmente, cuando oscureció, nos acercamos a pasear por el Weihnachtsmarkt, donde cenamos unos buenos Weisskohlkuchen, que vienen a ser buñuelos planos de pasta de repollo y cebolla fritos en mantequilla (se que explicado así no puede ser apetecible, pero lo juro, está bueno).

Finalmente, volvimos a casa. Y es que mi madre alemana se negó a que nos fuéramos directamente al aeropuerto y nos ofreció quedarnos a pasar la "media noche" que nos quedaba colgada (hasta las 4 am) en casa.

Llegamos, abrimos con la llave y previa despedida de los padres y de la niña mayor (esperaba encontrar a las otras dos, pero acababan de caer rendidas en la cama), ellos se fueron a dormir, diciéndome que como bien sabía, en la cocina estaba la nevera, la maquina de café y lo que hiciera falta.

Nos quedamos en casa haciendo tiempo, durmiendo, tomando café y rehaciendo maletas hasta la hora prevista, cuando cogimos las maletas y, despidiéndonos de Alemania, nos fuimos hacia el bus que nos llevaría al aeropuerto.

Espero poder volver a visitar esta maravillosa familia en verano, porque la verdad es que los echo de menos.

sábado, 13 de diciembre de 2014

El retorno a Bonn (parte II)

Hace unos días, os conté que iba a volver a Alemania de visita aprovechando el puente de diciembre.

No se por donde empezar a explicar este maravilloso fin de semana que he vivido: tantas emociones, tantos nervios, tantos abrazos, tantos sitios que me traen recuerdos y tanta gente que ha echo que luzca una sonrisa permanente durante esos días... Creo que por mucho que lo describa, ni siquiera se acercará a lo que sentí o lo que viví, pero vamos a intentarlo. 

Empecemos por el principio, ¿no?

El viernes a las 17:00 cogimos las maletas y nos fuimos camino al aeropuerto de Barcelona, donde a las 19:30 despegamos montados en un precioso avión de Germanwings. Llegamos al aeropuerto de Colonia-Bonn a las 21:45, y previo viaje de 35 minutos bus (donde comprobé que hay cosas que no cambian nunca, como la "simpatía" de los buseros alemanes) llegamos a Bonn. Cenamos en el Mcdonnals de la Hauptbahnhof y nos fuimos andando al hotel (para los interesados, fuimos al hotel Ibis de Bonn, que por cierto, esta genial si queréis ir), situado a unos 15 minutos andando del centro. 

La mañana del sábado nos despertamos a las 7:30, ya que había quedado con mi HM para ir a desayunar a casa. A desayunar, habéis entendido bien: en España invitamos a comer o cenar, en Alemania invitar a desayunar es lo más normal del mundo. El caso es que nos duchamos y nos fuimos paseando a la casa de mi Hostfamily. 

Fue bonito darme cuenta que me acordaba de todo el camino (el hotel estaba en la calle de enfrente de una piscina que frecuentaba con las niñas). Llegar a mi barrio fue... impresionante. Recordar todos los momentos que viví ahí, ver que todo seguía igual... Impresionante, ya os digo. 

Como podéis imaginar, el momento más esperado fue cuando llegamos a Casa. Las niñas no sabían que venia, así que era una gran sorpresa. Yo esta atacada de los nervios, no miento cuando os digo que me temblaban las manos y el corazón se me salía del pecho. Me daba PÁNICO que las dos niñas mayores no me reconocieran (la pequeña estaba a punto de cumplir los 3 cuando me fui, así que lo lógico seria eso, que no me reconociera), o que me saludaran con indiferencia, como si hubiera venido alguien cualquiera. Estaba realmente cagada de miedo. Pero llegó la hora de subir las escaleras hasta la entrada, darle al timbre, y ver que pasaba. 

Ahora os cuento como estaban las cosas dentro de casa: las dos niñas pequeñas no sabían nada de nada, pero la madre le había dicho el día anterior a la mayor que alguien vendría a desayunar, para que se despertara y se duchara. El problema es que la niña tiene 14 años y el echo de que la madre no el dijera quien venia, la llevó a un cabreo bastante importante, ya que pensaba que serían sus abuelos o algo así y su madre solo quería que se levantara pronto y se duchara. Para conservar la sorpresa para las pequeñas, la madre no había puesto plato para nosotros y habían empezado a desayunar a la hora habitual de los fines de semana (las 9, más o menos).

El caso es que desde la mesa del comedor, a lo lejos, se ve el ventanal que da al frente de la casa, con lo que puedes ver un poco quien sube las escaleras de la entrada (la puerta de entrada está un piso elevada, entras por el primer piso, por así decirlo). Al subir nosotros, la niña mayor vio a la persona que me acompañaba (yo ya había pasado), y como ella misma confesó después, lo primero que pensó fue: "¿Para que me hacen levantar tan temprano si NO CONOZCO a la gente que viene?". Esto solo aumentó su cabreo, que no mejoró cuando, al sonar el timbre, su madre le dijo que fuera a abrir (las niñas no se pueden levantar de la mesa sin permiso). Así que con todo ese buen humor, se dirigió hasta la puerta de la cocina, que da a un pasillo donde al final, está la puerta de entrada, que está echa de madera con ventanas de cristal.

Ahora volvemos a la calle, donde nos encontrábamos nosotros. 

Vimos a la niña mayor, que cruzó la puerta de la cocina, miró a la puerta de entrada y al verme, frenó en seco con una cara parecida a esta:



Juro que tardó unos segundos en reaccionar. Después pegó un grito seguido de un "¡¿PERO QUE HACES AQUÍ?!" mientras venia corriendo hacia la puerta, abría y se abalanzaba sobre mi (que casi me tira, la muy bestia). Pero esto solo podía mejorar, ya que con el grito de la mayor, la mediana vino corriendo y justo cuando la loca de la mayor me soltó, aparecía ella por la puerta de la cocina.

La pobre se quedó en shock, agarrada al pomo de la puerta y mirándome con los ojos desorbitados sin creerse lo que veía. Dijo me nombre y yo la saludé, cosa que pareció sacarla del trance y vino corriendo a abrazarme. 

Cuando me soltó, conseguimos pasar de la puerta y entramos. En ese momento apareció la pequeña seguida de la madre y el padre por el umbral de la cocina. Saludé a la pequeña y puso lo que yo llamo "cara de vergüenza", y se fue con una sonrisa de bicho (eso no ha cambiado en ella jajaja) a esconderse detrás de la pierna de su padre.

Las niñas estaban emocionadas y felices de verme. Como le dijo la madre a la mayor: "Este es tu mejor regalo de Nikalaus", y es que fui justamente la mañana en que Nikolaus (el Papá Noel alemán, por así decirlo) deja sus regalos.

No os podéis imaginar lo que sentí en ese momento. Fue mágico. Nos sentamos a desayunar con todos ellos y fue precioso, de verdad. Parecía que nada había cambiado desde los desayunos que pasé ahí durante todo mi año au pair. Todo seguía igual, salvo que las pequeñas habían crecido una cabeza cada una y la mayor ya es más alta que yo. El padre incluso me recordó con una sonrisa, mientras yo le ofrecía una bandeja de panecillos a mi acompañante, que los de la otra bandeja eran "el pan de verdad", y es que el hombre aún recuerda su batalla perdida durante el tiempo que estuve ahí para hacerme entender que el pan blanco es insano y mortal. Que recordaran todas estas tonterías me hizo sentir muy especial.

Después de desayunar y de hablar largo y tendido, nos llevaron de tour por la casa, para enseñarme las cosas que habían cambiado (sobretodo los muebles de las habitaciones de las niñas). 

La mayor está en el apogeo en su adolescencia, y su habitación lo demostraba.

La mediana seguía igual que siempre, sus gustos son los mismos y por fin ha conseguido un futbolín para su habitación (ya lo pedía cuando yo estaba ahí).

La pequeña, a pesar de no amar incondicionalmente el rosa como antes, sigue apreciandolo mucho y su delirio de princesa sigue creciendo. Lo que me emocionó al entrar a su habitación fue ver que aún tiene colgada una mariposa que hice para ella con un rollo de papel higiénico y cartulina (hicimos esta manualidad con las dos mayores y al no estar ella ese día, yo le hice una). Lleva ahí dos años. Increíble. 

Después de esto, hacia las 12, las niñas tenían que irse a hacer varias actividades y nos fuimos cada uno por su lado. 

Este reencuentro fue algo que nunca olvidaré. Las dos mayores se acuerdan perfectamente de mi y de las cosas que hicimos juntas, y la pequeña es muy curioso, porque a pesar de no situarme, sabe que hay una persona con mi nombre que la cuidó y que hacía cosas con ella. Según me han contado, estuvo más de un año preguntando por mi una vez me fuí, y a día de hoy, su madre le tiene que leer casi a diario un libro que les traje a ella y a la mediana durante mi año. 

Todas estas cosas me hacen pensar que aún sigo viva en esa casa, que hablan a veces de mi y me recuerdan. Parece ser que no lo hice tan mal. Saber que puedo contar con ellos para lo que quiera, que parte de mi familia es alemana y que allí siempre tendré un techo cuando lo necesite, me hace muy, muy feliz.

Pero por hoy, lo dejo aquí.

En unos días os contaré lo que hicimos el resto del fin de semana, y de como pasamos casi más tiempo en casa de mi HF que en el hotel, que esto esta quedando muy largo y os voy a aburrir. 


Continuará...

viernes, 5 de diciembre de 2014

El retorno a Bonn

En menos de 15 horas voy a estar en Bonn, en mi ciudad, porque es y será siempre mi ciudad, por la gente y los momentos maravillosos que viví ahí. Casi dos años después de irme, dejando a una gran familia y a muchos amigos, he encontrado el momento de volver, aunque solo sea un par de días.
Estoy emocionada e histérica a partes iguales. Que os voy a contar, las 3 de la mañana y aún no puedo pegar ojo.

Voy a volver a ver a mis niñas.

En serio, no tenéis idea de lo que siento al decir esto. No se como describirlo. ¿Ilusión? ¿Alegría? ¿Miedo? Una mezcla de todo. Se que la pequeña no me va a reconocer, o eso estoy intentando asumir, porque se que me va a costar. Tampoco sé si la mediana me reconocerá (tenia 6 años cuando me fui). La mayor, si no me reconoce, directamente la descabezo. Juro que me he planteado cortarme el pelo por miedo a que no me reconozcan con el pelo largo (en 2012 yo lucía un precioso pelo-seta gentileza de un peluquero alemán).

Porque ¿sabéis? Las niñas no saben que voy y por lo tanto no puede haber aviso previo de quien soy. Gentileza de su madre, que quiere que sea una sorpresa el verme en la puerta (y yo estoy cagada de miedo por esto).

Llevo regalos para ellas. Lo fácil que ha sido comprarles algo ahora, comparado con lo que me costó poco antes de llegar a su casa hace dos años... Espero que no hayan cambiado mucho y la haya acertado. Vaya, espero no encontrar a 3 desconocidas (aquí aparece el miedo).

No me voy a quedar en mi casa (porque si, siempre será también mi casa como bien me ha insistido la madre cuando la llamé), ya que voy acompañada y aunque quiero verlos y disfrutarlos, prefiero reservar parte de mi tiempo a la familia y lo que quede disfrutarlo con esa persona especial que me acompaña, ya que llevarle ahí, para mi es algo parecido a enseñarle parte de mi mundo, del que solo ha oído hablar (hasta la saciedad, hay que admitirlo) y que no conoce. También estoy nerviosa por volver a pasear por esos sitios que tanto he disfrutado.

Solo espero no echarme a llorar en alguno de estos momentos. Casi que estoy más nerviosa ahora que ese lejano día en 2012, donde me subí a un avión sin imaginarme siquiera lo que me esperaba al salir de él. Ojalá todo vaya bien.


Deseadme suerte. A la vuelta os cuento.

sábado, 18 de agosto de 2012

Vuelta a estas tierras (parte II, viajes y aeropuerto)

Hace una semana que volví de Barcelona. Me lo he pasado genial.
Y por esa razón y como tengo muuuuchas cosas que contar, he decidido partirlo en 3 apartados: viajes y aeropuerto, vacaciones, y finalmente, familia y amigos.
Empecemos entonces...

Viajes y aeropuerto

Todo empezó la noche antes del vuelo. El avión salia a las 6:55, pero la unica convinación era bus nocturno a las 3:15, esperar hora y media, y bus del aeropuerto a las 4:46.
Hasta ahi todo bien no? Pues no. Se me ocurrió la genialidad de no dormir, porque yo tengo un despertar lento y de muy mala leche. A eso añadirle que no me habia echo la maleta, me tenia que duchar, peinar, ordenarlo todo... Total que decidi no dormir. Menuda idea de bombero. A las 2 estaba muerta. Literalmente. Me duche y yo, convencida de que el bus pasaba a las 3:25, me dije: "ire a las 3:15, con tiempo, no vaya a ser que pase antes y la liemos...". El bus, sorprendentemente y sin que yo lo supiera,  pasaba a 3:15. Sali de casa, maleta a cuestas, andé 10 metros y vi al bus de frente. Para a la esquina que esta a mitad de la calle donde yo vivo, y el bus estaba a la misma distancia que yo de esa esquina, pero en sentidos opuestos. Pues miré el bus a los ojos, el bus me miró a mi... Y eche a correr como alma poseida por el diablo. Y el jodido busero no me quiso ver (porque solo le faltó saludarme al majete), y se fue sin mi.

Y ahi me quedé, sin opcion alguna: tenia que ir andando hasta la estación. 15 minutos andando con una maleta, por calles chungas y sin una alma por la calle. No habia pasado más miedo en mi vida.
Bueno, para ahorraros detalles, llegue viva a la HBF. Y de ahi a esperar una hora, más sola que la una, en la estación.
El bus llego tarde, y me veis corriendo por el aeropuerto para poder llegar al embarque.
Llegué y, ya en el avión, detrás mio se sento un niñato de unos 14 años que no dejó de darme pataditas (bueno, más bien patadas homologadas porque menuda tela...), y no me dejo dormir en todo el viaje. Llegue al más puro estilo zombie en The walking dead.
Una vez en Barcelona y despúes de 23 horas en pie sin dormir, me pasé toda la mañana ciudad arriba ciudad abajo, entre papeleo de la universidad y papeleo del banco. No sabia ni lo que me decían, mi cerebro ya no procesaba información. Y entonces a mi hermano no se le ocurrió mejor idea que invitarme a desayunar; casi me duermo encima del café.
26 horas sin dormir: me encamino hacia el pueblo de mi abuela, que són unas 4 horas en coche. Pillamos atascos: 6 horas de coche. Queria morir. Y entre una cosa y otra no podia pegar ojo.
32 horas sin dormir: llego al pueblo, meriendo, y por añoranza me voy al monte con mi perra. Casi me mato porque iba andando que parecia borracha.
36 horas sin dormir: cené  y me vinieron a buscar mis amigos del pueblo. ¿Y como les digo que no? 2 horas despues me dormia por los rincones y me fui a casa.
En resumen: me desperté a la hora de merendar del dia siguiente y me comí unos macarrones tan felizmente a las 6 de la tarde.

Y eso como viaje de ida.

El de vuelta fue menos agitado, y mas entretenido. Volví un día 1 de agosto. Si, 1 de agosto, habéis leído bien. ¿Hace falta que os cuente como estaba de lleno el aeropuerto? Creo que lo podéis imaginar.
Pasé por el control de equipajes con mucho esfuerzo. Y al llegar a mi puerta de embarque (una hora antes de la salida del avión), veo que antes embarca un vuelo de Ryanair.
Nunca había tenido la posibilidad de ver una selección de maletas de mano tan famosas en esta compañía, así que me lo pasé genial, y llegué a una conclusión:
Hay tres tipos de personas en un embarque de Ryanair:

- Las de risa nerviosa: esas que no saben si su maleta entrara en la jaula, y se pasan el rato de espera con una risa nerviosa y comentando "esta entrará no? ha de entrar". Finalmente a la mayoría les entra.
- Las que se sorprenden: son aquellas que van convencidas que la maleta cabrá, hasta que llegan y eso no hay manera de que entre. Ahí se resignan y se cabrean. En esta especie, se han dado casos de discutirse a gritos con el señor azafato y no llegar a las manos de milagro.
- Las que se toman la justicia por su mano: Ya sabéis, esos que piensan "si no cabe, la haré caber". Llegan a aporrear la maleta a patadas hasta que entra a la jaula. Lo divertido es ver después como no la pueden sacar.
Puedo confirmar ahora que mi maleta no entra en la jaula de Ryanair.

Dicho esto, durante la espera a mi vuelo, a mi lado había un corrillo de 9 curas (los conté), vestidos de calle o con uniforme de escarabajo. Y si, subieron al mismo avión que yo. Y si, me rodearon. Una mujer les pidió que bendijeran el avión antes de despegar, "ya sabéis, por si acaso". Yo en ese momento pensé que estando en tan buena compañía, si se estampaba el avión seguro que me beatificaban o algo parecido.

Llegué a casa a la hora de comer y no había nadie (ya lo sabia). Me comí una pizza y me apalanqué hasta las 6 de la tarde. Entonces llegó la familia, las niñas felices de verme, que como me había ido, que aquí había echo muy buen tiempo...

Y de vuelta a la rutina.
Hasta aquí esta primera parte de mis vacaciones.


domingo, 22 de julio de 2012

Sábado de relax



Ayer fue un sábado tranquilito. Primero fuimos al Haus der Geschichte, vamos, al museo de historia de Bonn. Ahora hay una exposición enorme muy bonita sobre la historia de Alemania, a partir de la segunda guerra mundial. Sin darle mucha importancia al echo que el holocausto se lo pasan así muy por encimitas en plan esto-ha-pasado-pero-como-si-no, y después te llenan un piso entero hablando de la reunificación... Por lo demás la exposición es muy bonita.

Después de eso fuimos al centro a comer, y después de eso, como hacia un día bueno (vaya, que no llovía, pero estábamos a 16 grados y el cielo estaba totalmente gris, un día bueno en Alemania), nos dio por ir a Rheinahue, un parque de de 160 hectáreas (si, chiquitin verdad?) que tenemos aquí en las orillas del Rin. Al llegar encontramos sitios como este:


Que invitan a uno a sentarse y pensar sobre la vida y la muerte. Aun asi nos sentamos a ver pasar la tarde... cinco minutos y acto seguido nos fuimos a investigar por el parque.
Vimos unos patos muy majos, y muy grandes, y empezamos a echarles fotos.


Pero cuando un pato te mira así...


... y acto seguido viene corriendo así....


Una persona normal deja de hacerle fotos a los patos y se va corriendo a un sitio donde los patos estén lejos. 
Así pues, encontramos sitios para echarnos, como por ejemplo estos...



Y encontramos uno donde nos quedamos tumbadas al césped como lagartijas. La intención era estudiar un poco, vaya, leer unos cuentos de niños que nos compramos y intentar entender un poco. Pero con estas vistas... Acabamos tumbadas a la bartola, solo nos faltó una mantita para poner en el suelo y un poco de abrigo (que hacia mucho fresco). 

Y después de eso, a casita a hacer las maletas, que hoy por la noche me voy a casa, de vacaciones 10 días. 

Habiendo visto estas fotos... me diréis que Alemania, a pesar de su cielo gris y la falta de sol, no tiene sitios bonitos.

Os veo a la vuelta!


domingo, 1 de julio de 2012

Vuelta a estas tierras (parte I)

Hace tres días que llegué a Köln con energías renovadas, después de un viaje en avión con el clon de Torrente (pecholobo con cadenita de oro y olor a oso pardo incluida) a un lado y una mujer que parecía que le iba a dar un ataque en cualquier momento al otro lado, y de pasar 10 días en mi tierra.
Pero no os penséis que fueron una juerga, me pase 6 días encerrada estudiando y de exámenes, y los otros 4 días no me dieron para mucho, la verdad, porque dos días y medio los pase en el pueblo y los otros dos días de aquí para allá juntándome con todo el mundo. Pero en julio me voy otros 10 días de vacaciones, y esos si que los disfrutare a lo grande.

Dicho esto, y para los curiosos, a medianos de julio me dan las notas de los exámenes, hasta entonces no se si me han ido bien o mal, así que no me posicionaré.

Cambiando de tema...

Después de casi 6 meses en Alemania, al volver a casa unos días, me he dado cuenta de muchas cosas, pero solo os contaré dos porque al marcharme en julio de nuevo, creo que ya haré otra entrada más larga entonces. Asi que ahí van esas dos que me sorprendieron más que nada:

1) 1366 km.
Eso es (segun San Google) la distancia que hay desde la puerta de mi casa a la puerta de mi casa alemana.
Y parece una tonteria, pero se notan mucho esos 1366 km, sobretodo en la vida que has dejado "pausada", de ahí donde vienes.
Hace un par de meses, por ejemplo, me perdi la primera vez que mi hermano presentó a su novia formalmente.  Ni siquiera la conocia ni habia oido hablar de ella hasta ese momento. Me perdi esa comida familiar, la primera vez que mi madre era "la temible suegra", a mi hermano mas allá del "capullo" que yo conozco.
Pero no das importancia a cosas como esa, hasta que no te tienen que presentar a la chica en cuestión por videollamada, y te das cuenta que te has perdido ese momento, y bastantes de los que seguirán.
Y es en ese ambiente en el que llego a Barcelona, y hacen una cena para que esa chica me conozca "en vivo y en directo". Y es raro porque te sientes (y eres realmente) la cuñada ausente que vive ahí en las lejanías del norte, en plan bicho raro digno de meter en un Zoo.

2) La familia.
No hablo de la familia alemana no... hablo de la gente que se deja en tu tierra. Y voy a concretar más: las abuelas.
Que grandes que son las abuelas, que ya puedes ser un orco de Mordor (mugre incluida), que para ellas seras el más guapo/listo/limpio/valiente del mundo pase lo que pase, y así lo pregonarán y difundirán a los cuatro vientos.
Y mi abuela, como buena abuela que es, así lo hace. Ella vive en un pueblo pequeño (250 habitantes en verano, cuando vienen toooodos los familiares de todo quisqui), donde la mediana de edad es de 60 años y hay mas gente en el cementerio que en el pueblo en si.
El caso es que fui a verla el fin de semana que pasé en mi tierra y bueno... puedo resumirlo en un "Oh mein Gott". Me he convertido, sin yo percatarme, en la super nieta que ha cogido las riendas de su vida y se ha ido a Alemania completamente sola a la aventura, a trabajar y estudiar mientras aprende alemán y se gana la vida ella sola solo con 19 años y es superwoman. A cuadros me quedé.
A mi abuela le mando cartas y fotos de vez en cuando, para hacerla feliz, y le mando postales de todos los sitios que visito; resulta ser que las pasea por todo el pueblo y va pregonando mis logros y contando cada una de las cosas que le cuento en las cartas y traduciéndoles palabra a palabra (del catalán al castellano) a sus amigas lo que le escribo en las postales. Al fin y al cabo, todo el mundo sabe como son los pueblos, que hasta el dueño de las ovejas es ingeniero y las abuelas compiten para ver que nieto mea más alto. Y admitamoslo, tener una nieta en Alemania (que mucha gente de ahí debe imagina que eso esta en los horizontes, ya sabéis, entre Mozambique y Zimbawe más o menos) te da muchos puntos para el premio imaginario de Abuela del Año más envidiada. Solo os digo que ahora he pasado de ser "La Nieta De... " a "La Nieta Alemana De...".

Dicho esto poco más tengo que contaros. Que de pasar a estar estudiando para la uni, para el curso de alemán, cuidar niñas... a solo cuidar niñas y tener toooodo el otro tiempo libre, me aburro y me sobran horas.

Conclusión: me tengo que buscar un hobby, que parece que aquí en Alemania esto de tener un hobby esta muy de moda.



miércoles, 18 de abril de 2012

Andando, que es gerundio.

Llevo tiempo con el blog medio abandonado, que solo escribo cuando me inspiro. Y no os cuento nada de nada de que voy haciendo aquí, así que ahí va un resumen de las excursiones que echo en estos meses:

HEIDELBERG ( 3 de marzo)

Un dia en el tren, y unas 5 horas en Heidelberg. Si total, puestos a hacer locuras, oiga usté, lo hacemos bien. Primero fueron los hooligans alemanes, invadiendo el tren. Estábamos yo y Ana esperando en el andén, que venia 20 minutos tarde el dichoso trenecito, y cuando llega... en fin, la cara que se nos quedo fue un cuadro. Estaba lleno (pero lleno de no caber un alfiler) de locos con cerveza (si no ya borrachos), de un equipo de futbol que no conseguimos identificar, chillando canticos en idioma borrachil, y esas cosas que suelen hacer los hooligans. En fin, a pesar de eso nos dispusimos a entrar. Y no nos dejaron. Unos amables GEOS alemanes, con sus porras y sus indumentarias correspondientes, nos invitaron amablemente a irnos a otro vagón, que al final resultó ser dos vagones más atrás, el único que no tenia borrachos dentro.
La otra compañera nuestra de viaje no tubo esa suerte de que la echaran los GEOS, ella tubo que cruzar el tren de locos hasta encontrarse con nosotras, con llamada desesperada al estilo "Estáis aquí? Porque yo solo veo gente con cerveza...".

Pero la tranquilidad no duró mucho. En el primer transbordo, los locos se cambiaron al mismo tren que nosotros. Y ya no había ni GEOS ni nada.
Fue bonito ver como unos abueletes se ponían a cantar con ellos y a hacerse fotos, o como salían a mear en las paradas del tren... llegamos a contar 16 en fila meando, y los que no alcanzamos a contar, porque llegaban hasta donde nos llegaba la vista.
Ya se sabe que el alcohol y el mear poco no casan.

Después los abandonamos y cogimos otros dos trenes más, hasta llegar a Heidelberg.

Heidelberg muy bonito... pero si tenéis que ir, hacerlo en verano. Por la niebla. Menudo dia asqueroso que hacia: niebla, lluvia, frio... en fin, precioso.
Patio interior del Schloss.
Lo primero que hicimos fue ir al centro de información turística, donde nos indicaron donde coger el bus que nos llevaba al castillo. Tan aceleradas íbamos que lo cogimos en dirección opuesta y por poco nos bajamos cerca de donde Dios perdió el mechero. En un momento de absoluta incertidubre, nos dio por preguntar al busero, y lógicamente nos bajamos a la siguiente parada para cambiar de dirección.
Una vez llegamos (por fin!), nos fuimos al Schloos, donde teóricamente se sube en funicular, pero ese dia toco subirse TODA LA CUESTA, nombrada la cuesta de la muerte, (a quien la haya subido, os compadezco, haremos un grupo de apoyo social para superarlo juntos) a pie, porque el funicular no funcionaba por la niebla. Suerte la nuestra eh? Un poco más de suerte y al llegar, lo encontramos cerrado.
Por suerte no fue así y pudimos ver las maravillas del castillo, asi como el Museo Alemán de la Farmacia, que yo no quiero insinuar nada, pero había cantidad de botes antiguos etiquetados con la palabra "semen de (añadir aquí algo)", pero no quiero insinuar nada eh? Nada de nada.
También hay un barril gigante, que supongo que lo hacen para que tontas como nosotras piquemos en la trampa, porque primero hay uno grande (pero grande grande, que es para verlo de verdad, de 4 metros de altura y otros tantos de ancho), donde nos hicimos fotos, pero al girar la esquina... ves ESO. Y eso mide 7 metros de ancho y 8'5 de largo. Yo tampoco ahora quiero insinuar nada, pero menudas cogorzas deberían coger esa gente...

Después de eso fuimos al centro, visitamos una catedral donde tampoco pudimos entrar porque daban misa, después vimos la antigua Cárcel de estudiantes de Heidelberg (recomiendo que vayáis, menudas fiestas se montaban ahi los compañeros).
Entrada al museo del embalaje

Y finalmente, y como no podíamos dejarlo pasar después de estar todo el dia diciendo "tenemos que ir eh? tenemos que ir ahí", fuimos al Museo del Embalaje. Si, como lo leeis, no podíamos ir a Heidelberg y no hacer una visita a ese super interesante museo. El caso es que ese museo sufrió una evolucion en su nombre a lo largo del día, terminando el dia llamándose, malamente nombrado por nosotras, "la fabrica de cajas".  Es lo que tiene no comer hasta las 5 de la tarde, que unas ya deliran.

Y después para casa que es tarde.





KÖLNER ZOO - BRUHL (25 de marzo) 

Ese día fuimos al Zoo de Colonia. Lo primero, ver el espectáculo de las focas. Despúes animales animales animales y animales. Poco mas que contar, es un zoo. Aqui unas fotos para que no os desilusionéis:




Despúes de eso, y como nos venia de camino, fuimos al Schloss y a los jardines de este, en Bruhl. El castillo muy bonito. Nos compramos una entrada que incluía una visita guiada por el castillo. En alemán, claro está. 
Y ahi estábamos nosotras, que entendimos solo dos cosas: "Las paredes son azules" (no me digaaaaas!!, no me lo dices, y no lo veo!!), y "el techo se pinto en 13 días". Alucinante. 
Unos señores nos tomaron por filólogas. No les desmentimos nada, para una vez que nos toman por algo decente, no vamos a decir que no, aunque no entendiéramos un carajo de lo que nos contaban.
Y ahí tenia yo a Silvia, contándome "Esta es mi habitación de invitados, esta mi sala de estar...". 
Pero hay que decir que el castillo era muy bonito, que era impresionante de ver algunas salas, como estaba todo decorado, las pinturas, los muebles, el guía que nos hizo la visita... ejem ejem, sigamos que me pierdo del tema. Muy bonito el castillo.
En resumen, cada loca con su tema.
Después comimos (a las 6... Dios bendito, que hambre, todo el día sin comer...) una Currywurst con patatas en un mercado (creo que) artesano que había, y para casa, no sin antes, para ir a la estación, pasáramos por un parque donde las dos locas que venían conmigo decidieron (por millonésima vez) hacerse una foto con una estatua de un gato. Tiempo después y viendo más estatuas, nos dimos cuenta que de parque nada... era un cementerio. 
Lo que no pase en Alemania...


Y así siguen mis aventuras por estas tierras. Me falta por contaros la visita a Düsseldorf, la visita a Köln y el cumpleaños de Silvia, pero otro día, que hoy ya es tarde y mañana toca madrugar!

martes, 20 de marzo de 2012

Visita exprés

Os debo aún una entrada sobre mi aventura en Heidelberg (podéis ver la versión de Silvia en su blog), pero ahora os contare mi viaje exprés a mis tierras este fin de semana.

Tenia ganas de ir, para que negarlo. De ver a mi gente, a mi familia, mi habitación... Después de una dura cruzada de buses, llegué por fin al aeropuerto teutón, hora y media antes de la hora en la que empiezan a facturar (vaya, casi 3 horas y media de espera hasta a hora de embarcar...).
Aburrimiento, mucho, pero pasadas las 2 horas y cuarto de avión, llegar al aeropuerto de destino y la emoción de volver a ver a los tuyos dos meses después, se te olvida todo.

En fin, no os contaré mi fin de semana, seria una entrada demasiado larga.

Pero querría dejar un mensaje tranquilizador a otras au pairs que lean el blog; nada cambia.

Cuando me marché de au pair, lo que más miedo me daba es lo que me perdería al no estar "allí", en mi tierra. Pero cuando regresas unos días, te das cuenta de que nada ha cambiado. Tu familia sigue igual, más felices que nunca al verte. Tus mascotas te siguen recordando y te demuestran que para ellos, desaparezcas el tiempo que sea, ahí seguirán para recibirte como si hiciera meses que no te ven (aunque esta vez, sea verdad). Tus amigos siguen visitando el mismo bar cada viernes, y aun frecuentan el McAuto a las 3 de la mañana del sábado, te cuentan todos los cotilleos que te has perdido; Marujita ha cortado con Menganito y alguno que otro ha echo alguna que otra locura. Ahí te das cuenta de lo poco que ahora te interesa todas esas tonterías. En antena 3 siguen poniendo Los Simpsons y aun puedes ver anuncios con trozos de películas cortando lo interesante de KH7 y de colonia Lacoste.

Se agradece poder volver, ni que sea durante dos días. Recargas pilas y vuelves con mas ganas y con mas tranquilidad de lo que pueda pasar.

Al fin y al cabo, esta es nuestra aventura y si, ahora se que debo vivirla sin preocuparme de nada, porque efectivamente, cuando vuelva todo seguirá igual, al menos lo importante.

viernes, 10 de febrero de 2012

Unas, que no se andan con rodeos

Cuando son las 10 de la noche del viernes y aun no tienes plan ni nada reservado para el sabado, sabes que sera algo tranquilo, basico, cerquita... verdad?
Pues no para unas au pairs.
No tener plan significa "tenemos que hacer algo mañana, algo improvisado, loco, facil...". YA ESTA! Nos vamos a Frankfurt, si señor, aqui al ladito.

Ana, en su desquicio personal y emocional, mientras quemaba la cocina de su casa casi a las 11 de la noche haciendose la cena, recibia mensajes de Silvia, desesperada perdida y medio dormida, diciendole que a ver cuando se conectaba para aclaranos que hacer el sabado. 
Total, que al final Ana compro por internet un billete con el cual pueden viajar 5 personas por donde se les antoje durante un dia. Hasta aqui todo bien verdad? Pues no, porque al mirarlo a fondo, salió que el billete era para una persona, o eso parecia. Mas desquicio para estas dos. Confusion... y todo se termina con un: "Da igual, vamos con ese y si no va, pues no va".

Y de ahi a la mañana siguiente. 

Hora: 7:45h. 
Localización: Bonn HBF. 
Situacíon: Llamadas extrañas de "No te veo, donde estas??" "Yo? pero si yo soy Silvia, no Ana".

Hora: Indefinida, sobre las 8:45-9:00.
Localización: Koblenz.
Situación: Transbordo a otro tren direccion Frankfurt am Main.

Hora: 10:15? quien sabe.
Localización: Frankfurt.

Ahi estabamos. Frankfurt. Que bonita la estacion, que grande, QUE PIZZAS!, que hacemos? compramos un mapa que aqui hay un puesto de información, salimos a la calle...
Y bueno, lo que podria resumirse en la frase mas famosa y repetida del dia: QUE FRIO!. Se nos helaron las manos (y el alma).

Empezamos a buscar, no encontrábamos nada... Y es que Frankfurt es muy pequeño, lo que nosotras, en nuestra ignorancia y a vistas del mapa, creíamos que estaba todo ahí en la lejanía más oscura.

Visitamos la mayoría de cosas, a pesar de estar solo un día allí. La zona antigua preciosa, la zona de rascacielos... Ligeramente decepcionante. Eso de que es como Manhatan no se lo cree ni el tato. Tuvimos el gusto de pasar por el Banco Central Europeo y su correspondiente tropa de indignados (mascara de Guy Fawkes incluida, lo juro, que canguelo daba), bares al más puro estilo Alemán, con muñecas inchables en la puerta dándote una muy buena bienvenida y un ambiente de confianza que echaba para atrás, rascacielos con "mirador", donde no se podía mirar nada porque lo tenían cerrado a pesar de cobrarte sus correspondientes 3'50 euros en a entrada, muy majos estos alemanes (al menos estabas calentito, que que frio hacia!), capuchinos servidos con mucho amor...


Con diferencia, lo más bonito del dia, el rio Main...



El caso, un gran día,  interesante a pesar de las 6 horas de tren que nos pegamos, valió la pena.

A ver que se nos ocurre la próxima vez, quien sabe lo que nos espera...