domingo, 17 de febrero de 2013

Los niños, dos meses después

Yo, como todos cuando nos vamos, no sabia como iban a reaccionar mis tres niñas a mi marcha. Es duro pensarlo, porque ya son parte de ti, y es cuando te haces esas preguntas:
¿Se acordaran de mi? ¿Me seguirán queriendo? ¿Me van a odiar cuando me vaya? ¿Me echaran de menos? ¿Querrán que les llame? ¿Las llamo yo?... Y todos sus derivados.

Yo llevo dos meses lejos de esas niñas, y quería contaros como son las cosas ahora. He indagado y nadie lo cuenta, no se si porque es un tema difícil, o si porque muchas hacen la del "si te he visto no me acuerdo". 

El caso es que para tres niñas, he tenido tres reacciones totalmente opuestas. Y sinceramente, a cada cual más sorprendente.

La pequeña:

La monstruito, ya sabéis, la protagonista de entradas como esta, esta, esta... y de medio blog. Con ella hemos pasado un año de amor-odio tremendo. Amor cuando sus padres no estaban, o no le hacían caso. Odio cuando la recogía de la Tagesmutter y cuando la reñía. Pero parece ser que al final los críos se quedan solo con las cosas buenas, porque le ha puesto mi nombre (con sus variaciones, que un año ahí y no he conseguido que lo diga bien) a una muñeca que le regale por su cumple (que yo ya no estaba, pero le dejé el regalo preparado), y habla de mi como si fuera el espíritu santo, contando las bondades de mi persona. Me alegra saber eso porque con la de follones que hemos tenido, pensaba que en dos días no se acordaría de mi...

Pero no fue así, para nada. La primera semana se pasó todos los desayunos diciendo cosas como "¿Donde esta ella? ¿Cuando bajará a desayunar?". Y claro, sus padres intentaban explicarle que yo ya no vivía ahí, y ella montaba una pataleta impresionante y subía los 4 pisos de casa para buscarme por todo mi pisito, para finalmente quedarse llorando en la puerta de mi cuarto al grito que yo ya no estaba y que cuando iba a volver. La segunda semana dejó de armar la de Dios en el desayuno, pero me subía a buscar cada día unas cuantas veces con juguetes o libros para que jugara con ella. Y al no encontrarme buscaba a su madre para decirle que si me había ido porque no quería jugar con ella o si se había portado mal. 
Ese fue el momento en que los padres me llamaron para que hablara con ella un rato (hasta entonces solo había hablado con ellos y con la niña mayor). Pobrecita, se me partió el alma cuando los padres me contaron todo esto.

A día de hoy, trae a sus padres por el camino de la amargura: ella intenta seguir su rutina y sus costumbres que solo tenia conmigo. Intenta jugar a cosas que solo hacia conmigo, y que claro esta, sus padres no saben ni lo que es, y la niña tiene 3 años y no sabe explicarlo, con todos los saraos que eso comporta. Y ya hace dos meses que me fui, y a día de hoy sigue haciéndolo según lo que los padres me cuentan. 
Y todo esa desesperación de los padres y lo que me cuentan (y lo que no me cuentan), me hace pensar que hice bien mi trabajo.

La mediana:

Esta fiera... en fin. Hace dos meses que no se nada de ella. Es decir, se lo que me cuentan sus padres, porque a ella no le ha dado la gana de llamarme ni de ponerse al teléfono cuando he llamado. La verdad es que eso me ha dejado un poco tocada, pero hay que aceptar que es una niña de 6 años y que hace lo que puede para superar mi "perdida" (esto me lo dijo la madre tal cual, ni que estuviera yo muerta). 
Se ve que lleva dos meses evitando a toda costa hablar de mi. Sale mi nombre en una conversación y se cabrea de mala manera, o directamente echa a correr a su cuarto. Esta boicoteando a la hermana para que le cambie el nombre a la muñeca y ahora dice que no le gustan los macarrones ni la tortilla de patata (de las pocas comidas que se comía como su estuviera posesa, para sorpresa de todos, porque la niña es de mal comer como ninguna).

El primer mes los padres alucinaban, porque la niña, cuando estaba yo, parecía que me quería (frase literal de la madre), y que se sorprendieron mucho con esta reacción al irme. Hasta que pasado un mes, un día antes de dormir, después de un día especialmente malo, le dijo a su madre cuando la arropaba "Y (yo) cuando va a venir a vernos? La echo de menos". Ahí vieron que lo que le pasaba  a la niña es que no sabia como afrontar todo el tema, porque realmente estaban muy preocupados con su comportamiento.
Y ahí seguimos, la niña sigue sin hablarme ni con intención de hacerlo. Aun así, me cuenta la madre que últimamente  cada vez que llamo o me llaman, ella no quiere hablar conmigo, pero que después siempre le dice "¿Y te ha preguntado por mi?". Por eso mismo hemos llegado a la conclusión de que esto solo es una etapa y es cuestión de tiempo que se le pase. Esperemos que sea pronto.

La mayor:

Esta esta feliz de la vida con mi marcha, según ella porque "tenerte solo de amiga y no de "vigilanta" es mucho mejor!", pero me echa de menos. Ahora que ya no tengo autoridad sobre ella (y ni ganas de tenerla, oye, que para algo ya no soy su au pair), paso completamente de corregir cosas que sinceramente, yo no veo mal, pero sus padres si, y que me cuenta. Me informa de que ahora, cuando esta sola los lunes por la tarde, se pone a ver películas (cosa prohibidisima durante la semana por sus padres). Y me llama a las 4 de la tarde para que le recuerde esa contraseña de los Sims para tener más dinero. Y me manda e-mails día si día no contándome sus aventuras amorosas con su querido "T", y sus peleas de enamorados. Como cotilleo os contare que por San Valentín le regalo una caja de bombones. Aun me estoy riendo. Y siempre termina sus llamadas con un "te odiooooooo (que entre ella y yo es un "te quiero") y te extrañoooo"; eso con acento argentino, y a mi me da la risa tonta, y ahí es cuando ella me dice: "y como no vengas en verano te mato!". Definitivamente, todo lo pasiva-agresiva que se puede ser en la adolescencia temprana.

Ella es la que me cuenta cosas que sus padres no me cuentan. Como que el primer mes la casa fue un despelote completo, que las niñas hacían lo que les daba la gana y que no había buen dios que las aguantara porque no les hacían ni caso a sus padres. Que han tenido que crear algo parecido a la tabla de pegatinas por portarse bien que yo tenia con las niñas, porque estaban desesperados. Que se volvieron locos para meter las niñas en la bañera algunos días  hasta que ella les contó que yo les contaba la historia de las "hadas del agua" (y que ellos lo intentaron pero que no les funcionó). Que han descubierto que no tiene nada ni de bonito ni de gracioso el echo de que las niñas griten como posesas. Y que ahora en casa les exigen comer sentadas porque eso era una jauría a cada comida. Pequeñas cosas que me sacaban una sonrisa de superioridad y de venganza, que se creían que sus hijas eran santas y ya ves, ahora se dan cuenta de que ni tanto ni tan poco.



Así que como veis, el balance es positivo pese a todo lo malo.
Y si, tranquilas: cuando os vayáis  los niños se van a acordar de vosotras. No os van a odiar (mucho más). Os echarán mucho de menos. Y por supuesto, los haréis muy felices si los llamáis, aunque no se quieran poner, serán felices de saber que vosotras también os acordáis de ellos.

miércoles, 6 de febrero de 2013

La familia, tu familia.

Hoy me he hinchado de valor y voy a hablar de algo importante: la familia. Pero no la familia de acogida. Hablo de tu familia, la propia.

Os voy a hablar sobre esos extraños fenómenos que suceden cuando vuelves a casa después de un largo tiempo, porque muchas, o la gran mayoría  al regreso a casa les esperan sus amigos, quizá su novio, algún que otro conocido... pero quien estará ahí muy seguramente es tu familia. La diferencia es que tu te has "desacostumbrado" a ellos. Y por que negarlo, ellos de ti también  Cada uno se ha acostumbrado a vivir por su cuenta, y cuando vuelves, rompes las rutinas. 

FENÓMENO Nº 1 (o "Mamaaaaaa, ¿donde esta el papel de váter?!"

Ya sabéis, ese fenómeno por el cual, no sabes como, pero todo, todo absolutamente, ha cambiado de lugar. Casi llamo a Iker de Cuarto milenio, porque en mi casa, era espectacular.

Me he sorprendido a mi misma buscando donde estaban los cuchillos en mi casa. Y el papel de plata. Y los trapos. La cocina parecía nueva para mi, no tenia ni idea de donde estaban las cosas. El tema baño es un mundo aparte que no voy a comentar ahora, porque seria demasiado largo.

FENÓMENO Nº2 (o "Donde esta mi intimidad? Quiero encontrarla de nuevo")

Yo llevo un año con un baño propio, con la intimidad que eso comporta. Ahora me sorprendo pegando un bote del susto cuando alguien entra al grito de "me meeoooooooo" cuando estas metido en la ducha, cosa tan común en mi casa. 

O que estés tan tranquila en tu cuarto, acostumbrada a que le dan a la puerta y (atención al dato) esperarán a que les contestes (si es que quieres hacerlo) para entrar, pero al estar de nuevo en casa, lo normal es que de golpe entre una madre (normalmente, la tuya), con la fregona en la mano al grito de  "Sal, que tengo que fregar AHORA". Y a ti se te quede cara de culo mientras te destierran de tu propia habitación. 

FENÓMENO Nº3 (o "¿El que tengo que comprar? Ah! Claro que no hay, eso solo lo usas tu").

Nadie, nunca, piensa que dejará de encontrar SUS cereales en el armario de la cocina. O que se te saldrán los ojos de las cuencas al ver que en tu casa, que sois del clan Nesquik, un bote de ColaCao. 
O que las existencias de tampax sean inexistentes desde que tu no estás (algo lógico pero que no se piensa hasta que no te encuentras en el peor momento del mes), o que no haya un champú de repuesto y te tengas que enjabonar el pelo con jabón "hidratante con aceite de oliva" del Mercadona (con el arrepentimiento posterior).

FENÓMENO Nº4 (o "La madre que te parió").

Siendo au pair te acostumbras a los críos. A todas sus maldades, todas y cada una de ellas. Tu antena esta alerta a todo, 24 horas. Pero... Tus reflejos pro-protectores de hermanos propios desaparecen. Y eso es un gran riesgo al volver a casa. 
Yo no se vuestros hermanos/hermanas, pero el mio... en fin, que siendo él el mayor, lleva toda la vida entrenándome para ser au pair, consciente o inconscientemente, a base de perrerías. 
Tu habitual "¿Que le has echo al caramelo?" que sospechas en el segundo 1 cuando te lo ofrece (así, sin razón alguna ni motivo aparente) con una sonrisa en la cara, pasa a ser un "Aaaaah, gracias", que a veces puede acabar mal.
O cuando, inocente de ti, le pides desde la mesa que si a la vuelta de la cocina te puede traer el aceite, y crees a pies juntillas que lo hará. 
O si crees que un domingo lluvioso por la tarde, tu y solo tu vas a monopolizar el mando de la tele. 
En fin, benditos hermanos, esos regalos que te da la vida para hacerte mas fuerte. Y lo peor es que les sigues queriendo igual, porque eres tonta del culo. Y te ríes en tus adentros pensando en los "Has de llevarte bien con tu hermana" que le has repetido una y mil veces a tus niñas.

FENÓMENO 5 (o "¿Esto es nuevo?¿Desde cuando?").

Todo lo anterior son cosas que no han cambiado, pero a las que te has desacostumbrado. Pero lo peor no es eso, sino lo que SI ha cambiado, y que tu no sabes.

En mi caso particular, y aprovechando que iban a cambiar las puertas del bloque, mis padres decidieron cambiar las puertas del piso. Todas. La de la entrada también. Pasando por alto el echo de que me pasé la primera semana sin puerta en mi cuarto (porque llegué en medio de las obras), lo más gracioso fue dos días después de llegar, que salí a echar la basura y ahí, delante de la puerta del portal, con el frío de la tarde, en pijama, sin nadie en casa esperándome y a hora y media de que alguna alma viva llegara, me acordé de que mi copia de la llave nueva estaba tan ricamente colgada en mi habitación y no en el llavero que traía en la mano. Consecuencia: guirlandas de mocos colgadas de mi nariz todas las navidades.
También cambiaron la silla de mi mesa (de estas guais de oficina). Bueno en realidad a mi hermano se le rompió la suya y robó la mía, y nadie se acordó del pequeño detalle de que no tenia silla hasta dos horas antes de que yo llegara, con lo cual improvisaron. Podéis imaginar mi cara al llegar y ver delante de mi escritorio algo parecido a esto:


Debieron pensar que no me daría cuenta.

También es de juzgado de guardia la cara que se me quedó al ver que al irme, los vecinos tenían una bebe de tres meses y un niño de dos años, y cuando te los encuentras ahora, resulta que tienen una niña de un año largo, un niño que ya ha empezado el cole, y un bebe recién nacido. Sorpresa total y pregunta del año al "¿Es vuestro?" señalando al bebe del carrito.

Cosas de la vida... ¿Os ha pasado algo parecido a la vuelta?