Es un caso digno de estudio la
capacidad de las au pairs para quedar como gilipollas con esa
facilidad que solo nosotras tenemos. Que si, que muchas veces es
culpa del idioma. Que también, otras veces es culpa de que los niños
o los padres no se explican bien. Pero vamos a reconocerlo, desde el
momento en que te haces au pair, la capacidad de meter la pata
aumenta considerablemente. Y cuando se juntan todos esos factores, es
cuando pasan situaciones como la que os voy a contar ahora.
Un nublado viernes de Mayo, mi niña
mediana llegó del Kindergarten toda ilusionada diciendo que “Iiiivi”
(tal cual pronunciado) iba a venir a casa a pasar la próxima semana.
De lunes a viernes. Enteros. Para que nos entendamos; con noche incluida. Una vez superada la
arritmia que esa afirmación me provocó, fui interrogando a la niña
paso a paso. Despacito, para enterarme bien de los detalles. Y
gracias a esa mezcla de castellano y alemán que la niña hablaba,
entendí y deducí que esa tal “Iiiivi” era una compañera del
Kindergarten, muy amiga suya (y al parecer de todos), que de vez en
cuando venia a pasar unos días en casa, así en plan intercambio de
niños, y que durante esa semana se hacían fotos para después contar
lo que habían echo juntas delante de los otros niños.
A mi me extrañó, pero después de 5
meses en Alemania, cosas más raras había visto.
El caso es que ese fin de semana apenas
vi a la familia, porque tanto ellos como yo teníamos planes. Pero el
domingo por la noche, me crucé con los padres por la cocina a
eso de las 11 de la noche y les solté un: “Mañana viene “Iiiivi”
a pasar aquí UNA SEMANA ENTERA”.
Parece ser que ni el padre ni la madre
notaron el temblor de mis manos o el pánico en mi voz, y tal panchos
empezaron con comentarios del nivel de: “Ah, si, la mediana nos lo
ha contado!”, “La ultima vez que vino “Iiiivi” nos lo pasamos
muy bien”, “A la mediana le encanta que “Iiiivi” venga a
casa”. Me pareció de una pachorra impresionante que me
empaquetaran a otro niño así, de sopetón, una semana entera. Pero
tal era la felicidad con la que hablaban de la susodicha “Iiiivi”, que cualquiera les decía nada.
Así me pasé yo la noche del domingo,
pensando en la semana que me esperaba. Rezando para que “Iiiivi”
ya fuera sola al baño, que comiera bien, y que por dios, no fuera
uno de esos amigos terroristas que frecuentaban la casa. También me
preguntaba como narices reaccionaria la madre de esa tal “Iiiivi”
al ver que la que cuidaría a su niña era una española de 19 años
que ni siquiera hablaba el idioma de forma decente.
Y el temido lunes llegó. Y yo preparé
comida para 4 niñas, hice la cama de abajo de la litera de mi niña,
pensé juegos para entretener a la pequeña para que no molestara a
la mediana y a “Iiiivi”, dado que esta parecía tener una
obsesión con esa niña desconocida.
A la 1 del mediodia, me tragué todo el miedo y me encaminé de la mano de la pequeña hacia el Kindergarten para recoger a la mediana y al plus que esa semana iba a tener en casa. Al llegar, y mi niña salió toda feliz, con un “Venga, vamos”.
A la 1 del mediodia, me tragué todo el miedo y me encaminé de la mano de la pequeña hacia el Kindergarten para recoger a la mediana y al plus que esa semana iba a tener en casa. Al llegar, y mi niña salió toda feliz, con un “Venga, vamos”.
Aquí ya me empezaba a oler que algo no
iba bien. ¿Tanto hablar de la amiguita fantasma, y ahora se olvidaba
de ella?
- Espera, que falta “Iiiivi”- Le
medio grité a la mediana.
La niña me miró con cara de
pero-que-dices-especie-de-tarada-mental, y yo, toda convencida, me
giré hacia la profesora y le dije, con mi alemán macarrónico:
- Entschuldigung, wo ist Iiiivi?
(malamente: Perdone, donde esta Iiiivi?)
La mujer levantó la ceja y de toda la parrafada que me soltó, solo entendí una palabra: “Rucksack” (mochila). Lo primero que pensé es que no había entendido nada,
cosa bastante frecuente. Es decir, ¿de que mochila me hablaba ahora?¿Que Iiiivi esta yendo a buscar su mochila?¿Que a mi niña le faltaba una mochila? ... Así que le dije un inocente:
- Wie bitte? (¿Como?)
A lo que la mujer, levantando más la
ceja si a caso eso era posible, llamó a mi niña, abrió su mochila, y para
mi asombro sacó esto:
Os presento a la famosa Iiiivi (también
conocida como Eva), la mascota de la clase, en ese momento echándose
una buena siesta después de comer.
Por si no os habéis fijado, es un
peluche. Un maldito cerdo de peluche. Y hasta donde yo se, ni
siquiera en Alemania los peluches comen, o molestan, o hablan, o duermen en la
perfecta cama que esa mañana había echo.
Así que mi cara pasó del asombro a
algo parecido a esto:
Por pura vergüenza, no les conté
semejante confusión a los padres hasta pasados varios meses. Ese día el perro comió una buena ración de puré con "cocretas", deshice la cama y volví a meter las sabanas en el armario. Y aquí paz y después gloria.
Moraleja
Siempre, siempre, siempre, si os dicen
que algo, o alguien, pasará una semana entera en casa, PREGUNTAR. Si
algo os parece raro, PREGUNTAR. Incluso si no os parece raro,
PREGUNTAR. Que no os pase como a mi, que en vez de salirme rana, me
salió cerdo.
