martes, 10 de diciembre de 2013

¿Que harías si...? Familias que hablan tu idioma

En Europa, hay una variedad de lenguas que puede asustar a cualquiera. Eso, si lo aplicamos a las más o menos efectivas escuelas de idiomas esparcidas por todo el continente, sumándolo a las nacionalidades que aquí hay mezcladas, las combinaciones de idiomas que se hablan en cada familia son bastante peculiares. 

Cuando eres au pair, muchas veces hay que investigar para saber si la familia en cuestión habla alguno de nuestros idiomas maternos, y este mismo es uno de los temas mas viejos de debate en el mundo de las au pairs: ¿buscamos una familia que hable nuestra lengua materna, o al contrario, huimos de ellas?

¿Iría con una familia que hable mi idioma?

Si.

¿Por qué?

Como bien sabéis, mi familia de acogida alemana hablaba castellano (en mayor o menor grado (nulo) según el miembro familiar con el que hablabas, pero para el caso, podías entenderte con ellos). Yo buscaba precisamente eso, una familia alemanoparlante que además, usara una de mis lenguas maternas como segundo idioma. ¿Porque? Porque yo no tenia ni la menor idea de alemán cuando aterricé en Bonn.

La mayoría de gente busca familias con las que practicar un idioma que ya conocen en mayor o menor medida, o al menos en el que puedan expresar sus necesidades más primarias. En ese caso, irte a casa de una alguien que hable tu idioma es solo una perdida de tiempo.

Mi situación era distinta: me fui de au pair para aprender un idioma desde cero. Esta es una opción que poca gente contempla, y por eso es muy limitada la información que hay al respecto. Lo que esta claro, es que no puedes irte a una familia que solo hable el idioma extranjero cuando tu no tienes ni la menor idea de este, teniendo en cuenta que vas a cuidar a sus hijos y eso es una gran responsabilidad. Necesitas un idioma común en el que ellos puedan dirigirse a ti y viceversa. ¿Vas a aprender menos? Yo no comparto eso. Hay que tener en cuenta que no vas a volver hablando a la perfección el idioma, pero eso es lo que se trata, porque no has ido a mejorar, has ido a aprender. Otro error común es el ir a aprender un idioma en una familia que también habla un idioma que tu no dominas del todo pero en el que te defiendes. Creerme, no es buena idea intentar aprender un idioma nuevo mientras que a al vez practicas con un tercero. En ese caso, si que aprendes menos, porque no te centras en nada.

Resumiendo: iría a una familia que hablara mi idioma cuando:

- La lengua vehicular de la familia sea ese idioma por el que tu estas ahí, y no tu lengua materna
- No tengas conocimientos del idioma que habla la familia (es decir, que vayas a aprender un idioma desde la más absoluta nada).
- Que de puertas a fuera de la casa, el idioma que se hable sea el mismo que habla la familia y donde tu puedas poner en práctica lo que vas aprendiendo en las situaciones de la vida diaria (eso de ir a casa de un italiano que habla castellano y que vive en Polonia para aprender italiano, es una estupidez).

Ventajas:

- Puedes aprender un nuevo idioma.
- La comunicación con los niños puede resultar más sencilla (en el caso de que también hablen tu lengua materna).
- Sufres menos estrés y te es más fácil pedir ayuda.
- La adaptación es más sencilla y te sientes menos desamparado.

Inconvenientes:

- Si vas a mejorar un idioma vas a practicar menos.
- Puedes tener más problemas de comunicación con la familia y más malentendidos.
- Puedes acomodarte y terminar hablando siempre en tu lengua materna con ellos, cosa que perjudica el propósito por el que has ido allí.


¿Queréis otra opinión sobre esto? Podéis pasaros por el blog de IrePoppins!

viernes, 6 de diciembre de 2013

Recetario de la buena au pair: Bizcocho de yogur


He llegado a las 100 entradas. Increíble. Increible que no me diera cuenta, claro. Y las 100 entradas han de celebrarse. ¿Como? Quizá explotando mis limitadas capacidades para con la repostería haciendo un bizcocho para gozo y disfrute de todas, seria una buena idea, me dije. Así que cogí la cámara y me lié la manta a la cabeza.

Este es un bizcocho muy sencillo que hacía habitualmente con mis niñas (la de 2 años también) ya fuera para cumpleaños, tardes de domingo o días de lluvia, y que todas, y cuando digo todas es todas (incluidas las que en vez de manos, tengan pies -así como yo-), podéis hacer sin temor a incendiar la cocina y que siempre, pase lo que pase, queda buenísimo. Eso si, tiene un factor peligroso: podéis hacerlo con niños. Incluso con más de uno a la vez, las que seáis valientes. 

El vídeo iba a tener audio de voz, pero no consigo editarlo y quería publicar esta entrada antes de 2014. Cuando tenga tiempo (bendita uni, déjame ser libre...) lo editaré, pero de momento así se queda; arañaremos tiempo con los instrumentales de las canciones Disney (a ver quien acierta que película es). También quiero dar las gracias a los hijos de mis vecinos por estropear decorar el bizcocho dejando cobertura de chocolate hasta en las paredes. Mil gracias, ya os pasaré la factura del baipás de mi madre.  

¿Ya estáis preparadas? Empecemos!

TIEMPO DE REALIZACIÓN

Sin niños: 1 hora y cuarto (contando la cocción)
Con niños: 3 horas (sin contar la cocción). Vamos, una tarde entera + lo que tarden en decorarlo después.

INGREDIENTES 
Para quien no entienda las cantidades, en el vídeo lo podéis ver mejor

1 yogur cremoso (un Griego de toda la vida)
3 medidas del yogur de harina
2 medidas del yogur de azúcar blanco (del que se echa en el café, no os compliquéis mucho)
1 sobre de levadura
3 huevos
3/4 de la medida del yogur en aceite
Ralladura de un limón
Cosas varias para decorar el exterior (cobertura de chocolate, de frutas, de colores, banderitas, lacasitos, drops...)

PREPARACIÓN

Atención que esto es especialmente difícil. Se echa todo en un recipiente (no importa el orden, aunque lo suyo es que primero echéis el yogur para tener el envase vacío y poder conseguir las cantidades de todo lo demás) y se mezcla hasta que la masa quede homogénea. 

45-55 minutos al horno a 170º. Se deja enfriar, se saca del molde y se decora con más o menos arte. Fin. ¿Complicado, eh? 


CONSEJOS

- Antes de decorarlo, se puede abrir por la mitad y poner crema, mermelada, incluso Nutella si me apuras (los hay que han llegado a echar leche condensada), en el interior. 
- Si tenéis niños pequeños, darles a ellos el limón y el rallador y estarán entretenidos hasta que tengáis que meter el bizcocho al horno. 
- La única manera de meter la pata con este bizcocho es no tamizar la harina y que queden grumos. Ese es el secreto del éxito. 
- Dejar que los niños disfruten y se pringuen: que mezclen la masa con las manos, que casquen los huevos por primera vez, que te pongan la cocina pringada de cobertura de chocolate... En otras palabras: que el bizcocho lo hagan ellos mientras tu vigilas, y no al revés. 
- Que la decoración también la hagan ellos. Por muy mal que quede, el chocolate es chocolate y sabe igual, no sufráis. 
- Si vivís en Alemania, no compréis los "bolígrafos decorativos para repostería" del Rewe: saben a vómito. De nada.