miércoles, 6 de enero de 2016

Vagabundo Style, o cómo vestirse para ser au pair

Hace ya un tiempo, recibí un email que me hizo reír a carcajadas. De verdad, me alegró el dia. Esa chica me pedía si podía escribir una entrada hablando de mi rutina de la mañana y de los oufits con estilo que usaba para trabajar de au pair. Palabras suyas, no mías.

Despues de consultar en Google, enterarme que era eso de la rutina de la mañana, leer diversos sitios donde esas fashionbloguers hacen maravillosos tutoriales de maquillaje a las 5 de la mañana (que me pregunto yo, ¿a que hora se levanta esa gente para ir a trabajar? Porque si yo me pongo a hacer chapa y pintura a ese nivel, tardo un par de horas bien buenas en salir de casa), vi como se vestían y posaban con looks comodísimos y TO-TAL-MEN-TE funcionales... Decidí escribir mi propia entrada, tal y como le prometí a la chica.

Vagabundo Style 
(o como vestirse para ser au pair)

Mi rutina de la mañana es simple, poco interesante y bastante realista:

Suena el despertador, lo paro, suena de nuevo 5 minutos después, lo paro... y esto se repite unas 5 veces más. Me levanto, me quedo un tiempo indefinido sentada en la cama mirando al horizonte mientras me planteo fingir una diarrea profunda para quedarme en la cama el resto del día.
Finalmente descarto la idea, me enrosco cual kebab en mi batamanta y me arrastro hasta la ducha para ver si debajo de un chorro de agua me vuelvo un poco más persona.

Fin.

Comprenderéis que mi dignidad me impida colgar material gráfico de este momento tan glorioso de mi existencia.

Por otro lado, esta el tema del "oufit con estilo para ser au pair". 

Durante estos años he dejado claro que el Vagabundo Style es mi filosofía de vida mientras estoy a cargo de semihumanos menores de 18 años. Hoy ha llegado el momento de especificar Qué es y Cómo se consigue este maravilloso estilo de vestir.

Por adelantado voy a agradecer a mi querida amiga Palouma su gran aportación a modo de colaboración con parte del material fotográfico en esta entrada. 

Todas las fotos se han hecho durante las horas de trabajo. No hay ni trampa ni cartón. Si hay manchas, o vamos despeinadas, es lo que hay. Señoras, esto es la vida real.

El Vagabundo Style consta de 4 oufits básicos y combinables, que se usan dependiendo únicamente de si hay que salir a la calle o no, y durante cuanto tiempo.

- Oufit 1 -
Me calzo unas bambas y a cascarla

Este precioso modelito se compone de una mezcla de prendas made in Decathlon (este factor es de suma importancia: si no es de Decathlon, no sirve). El oufit 1 se usa en dos situaciones:

a) Cuando te has dormido y no te da tiempo a vestirte.
b) Cuando has de salir a la calle pero por un tiempo tan tan corto, que no te vale la pena malgastar el tiempo para vestirte.

Mallas de yoga, o de cualquier otro deporte que se usen mallas, una sudadera y una camiseta de manga larga o corta según si se va a usar el coche o hay que ir andando, són las prendas ideales para crear un estilo como este. Sirve tanto para dormir como para salir a correr, lo único que cambia son los zapatos. 


En este caso, y como hay que salir a la calle, usamos unas bambas que nos peguen (o no) con la ropa (a poder ser, que sea la de fuera y no la interior). Si están sucias se gana puntos de vagabundez, cosa que mejorará notablemente el conjunto.


Podemos rematar el oufit con lo que yo llamo "quiso ser un moño pero terminó en pinza": 


- Oufit 2 - 
Parecía que iba a hacer calor, pero no.

Este look se usa si hay que estar vestido para trabajar. Pero quien dijo vestido no dijo bien vestido. Consiste en ponerte varias prendas de calle encima, sin orden ni moderación alguna, de verano y de invierno, todo mezclado. Manga corta, un jersey (importante: no han de combinar), y los tejanos más viejos que tengáis.


Nota: 
Lo que llevo colgado es un babero. Me hice varias fotos, incluso cogí un libro del niño para posar. Después vi las fotos en la cámara y... el babero. Como os digo, esto es la vida real.

Como decía, hay que estar vestida pero ojo, eso no significa con zapatos, que para algo estais en casa. Por ese motivo, lo indicado en estos casos es llevar esas zapatillas. Las de los chinos, las que compraste un dia con algún propósito que ya no recuerdas. Si te van 3 tallas grandes, mejor. Y si es de un color bonito como azul hortera, remataréis un conjunto ya de por si digno de pasarela.
Eso si, han de ser cómodas.


El peinado idóneo para este look es la "trenza-ni-un-pelo-suelto", que te recoge hasta el flequillo para que el niño de turno no juegue a ser Tarzán con cualquier mechón de pelo que se suelte de la goma. Hay que hacérsela sin mirarse en el espejo y ha de quedar torcida, sino puedes estropear el oufit.


- Oufit 3 - 
Er chándal

Este oufit es para salir a la calle de forma premeditada. Vaya, que se pretendía salir, y no como en el oufit 1, que te ha pillado de sopetón el asunto. Para esto nos ponemos una sudadera que NO lleve cremallera, ya que lo más probable es que se tenga que cargar a algun niño y las cremalleras, en ese caso, las carga el diablo (y más si tenéis pelo largo). En la parte de abajo, que cada cual elija según el clima o lo que le parezca cómodo para, probablemente, arrastrarse por el suelo.


Habrá quien use zapatos, pero esto es el Vagabundo Style así que seguiremos usando bambas. Las ideales son unas que os permitan pegaros una buena carrera cuando un niño decida hacer una escapada dirección carretera con coches. Puntos extra si en algun momento del pasado fueron de un color uniforme y ahora son... ¿marrones?:


El toque estrella de este modelito es el peinado: el "moño de abuela". Ya sabéis, ese que se hace haciéndote una coleta a lo choni (en la coronilla) enroscándolo y recogiéndolo con horquillas. 


- Oufit 4 - 
Hoy no se sale

Para terminar, los días que ni siquiera hay que salir de casa, uso la ropa más conocida del mundo: el famoso PIJAMA. El mío es de los Minions. 
Y lo llevo muy digna, como ha de ser.




Esta entrada está escrita para que nadie se crea que las au pairs / nannys vamos vestidas como en las fotos de las agencias. No os sintáis mal por usar chándal, de verdad, que vamos a cuidar niños, no a una sesión parlamentaria.
Guardad la ropa bonita para salir, no para trabajar, que para mancharla de comida y babas ya habrá ocasiones de sobra.

lunes, 19 de octubre de 2015

Momentos trascendentales de alimentar a un bebé

Nunca había cuidado a un bebé tanto tiempo seguido ni tantas horas al día. Cuando empecé como nanny, trabajaba part time, mi niño tenía solo 3 meses, no aguantaba la cabeza y era calvo (más que clavo, era una cabeza con mechones de pelo graso y caspa gorda, también llamada crosta láctea). Ahora acaba de cumplir los 10 meses, estoy con él de 9 a 5, su melenita rubia con kiki incluido es envidiable y está echando a andar. Después de este tiempo, me veo en la obligación de sacar a la luz todo lo que llevo escrito sobre él, las aventuras y desventuras que hemos pasado y los momentos que hemos vivido.

Voy a empezar explicando los momentos alimenticios más... mira, que mejor os pongo una imagen para definirlos:


Todo empieza cuando que el niño, con 4 meses, aprende que su comida esta en las tetas. En cualquier tipo de tetas. Así, sin criterio, sean las de su madre o las de la panadera. Y claro, tu, como mujer, también las tienes. Un buen día de junio, el bebé se despierta de una siesta de dos horas y media con un hambre voraz, berrea y berrea incluso antes de abrir los ojos, y tu, solícita, lo llevas a la cocina para preparar el biberón. Pero su desesperación es mayor que eso, y decide tomarse la justicia por su mano, agarrándote del cuello de la camiseta como si no hubiera un mañana mientras que ya empieza a adquirir un color rojizo-amoratado y llora mientras se desgañita gritando. En esta situación, el electricista que casualmente está renovando la electricidad de la casa decide entrar en dicha cocina y te encuentra con un Gremlin rojo y chillón cogido con sus dos manitas al cuello de tu camiseta, que ya está al borde de romper costuras, mientras tu intentas mantener la dignidad, con media teta fuera y estirando del niño en horizontal intentando apartarlo de ti.

Pero no hay dolor, queridas, piensas. De situaciones más rocambolescas se han echo guiones de películas porno, así que si no consigo sacarme la carrera siempre me puedo dedicar a la escritura.

Pero ahí no termina todo. Llega un día en que empieza a comer papillas. Tu vas por la cocina preparándolas tranquilamente mientras él se entretiene chupándole la oreja al perro, cogiendo cada una de las pelusas del suelo y metiéndoselas en la boca, poniendo los dedos en los enchufes y todas esas cosas que hacen los bebés cuando ganan movilidad.

Hierves la zanahoria y las judías verdes, le quitas una pelusa gorda de la boca al niño, descongelas la leche materna, corres porque ves al niño tirando del cable de la nevera, pones a hervir las dos lonchas de pechuga de pollo con un poco de aceite, decides no tentar más a la suerte y metes el niño al parque, trituras las verduras, vuelves a meter el niño al parque porque se ha escapado, trituras la pechuga de pollo, amordazas al niño en la trona, sacas el arroz en polvo del armario, mezclas bien el arroz con la leche materna, lo mezclas con las verduras y el pollo triturado, vas corriendo a por el niño porque ha conseguido alcanzar una revista y se la está comiendo, vuelves a por el bol de papilla, metes el dedo meñique para comprobar que no esté muy caliente, te metes el dedo en la boca...

Un momento. Te has metido papilla en la boca. Papilla con arroz en polvo que has preparado con leche. Leche MATERNA. Y no materna de cualquier teta no, MATERNA DE LAS LAS TETAS DE TU JEFA.


Adiós mundo cruel. Nunca volverás a mirar a tu jefa a los ojos sin pensar: me he metido tu leche en la boca.

Pero no te da tiempo a reflexionar mucho sobre este echo ya que el bebé en cuestión empieza a pedir comida a gritos, porque otra cosa no, pero el ansia de comer de ese niño no es ni medio normal. Tan rápido traga, que antes de que puedas volver a llenar la cuchara ya esta gritando pidiendo que le llenes los mofletes de nuevo. Eso se convierte en una carrera entre el tragando y yo llenando la cuchara y metiéndosela en la boca antes de que grite de nuevo. Empecé a dejar tropezones en la papilla para ver si masticaba y comía más despacio. Os hago saber que no ha funcionado.

Toda historia termina, y esta lo hace del mismo modo que lo hace la comida al recorrer todo nuestro cuerpo: el final oscuro. No podíamos hablar de comida sin hablar de caca, esto es así.

El asunto es que tal y como come, caga. Es decir: mucho y en cantidad. Pero no os preocupéis, no señor. El problema no está en cuando caga, el problema está cuando no lo hace. Todo empieza cuando su madre te dice antes de irse "Esta mañana no ha echo caca". Cuando oyes ese temido "He didn't poop", te tranquiliza saber que no hay mucho en esa barriguita. Pero cuando pasa el día y sigue sin haber rastro de la esperada caca, la cosa empieza a preocupar. Al volver al día siguiente y enterarte de que sigue sin haber soltado el monstruo, empieza el juego. Un horrible juego en turnos de ocho horas en las que deseas que no te toque a ti, entregando al niño al siguiente desafortunado como si de una bomba de relojería se tratara, agradeciendo que no ha explotado contigo, porque sabes que cuando lo haga...

El espectáculo será dantesco.