Hace días que esta pregunta pasa una y otra vez por mi cabeza. ¿De verdad me quiero volver a ir? ¿A dejarlo todo? ¿A arriesgarme?
Estoy mucho más nerviosa y mucho más asustada que cuando me fui a Alemania, y eso no es tranquilizador. El saber lo que me espera, o lo que puedo encontrar, lo mal o bien que pueden llegar a ir las cosas, los problemas que voy a tener... es difícil de explicar. Creo que el echo de haber vivido esto una vez me hace ser más consciente de a lo que me enfrento, y por eso tengo más miedo.
Ahora pienso en muchas cosas de las cuales la primera vez ni siquiera se me pasaban por la cabeza. Me da miedo que las cosas vayan mal, porque se como se pasa en esa situación. Me da miedo sentirme desplazada, porque también se lo que es eso. Me da miedo dejar algunas cosas de Barcelona, porque sé que quizá a la vuelta no las voy a poder recuperar.
Pero también me dan miedo cosas que las primerizas no conocen: temo el fin de mi estancia en USA si todo va bien: irme de un lugar que siento como mío, para no volver, o volver sabiendo que nada es igual, ni siquiera la gente que conoces. Me da miedo hacer grandes amigos y perderlos, o tenerlos lejos y echarlos de menos. Me da miedo no ver crecer a los niños, o perder el contacto con la familia. Y me da muchísimo miedo pensar que quizá no podré superar otro proceso de adaptación, o que el sitio o la situación me impidan adaptarme. O incluso que al volver, no pueda volver a encontrar mi lugar en mi propia casa, porque volver también es difícil de cojones.
Conozco a poca gente que sea au pair repetidora (teniendo buenas experiencias previas), y las que conozco me confirman que las voy a pasar muy putas, que el saber y la experiencia, en este caso, son más un peso que tenemos que arrastrar que una ayuda.
domingo, 11 de junio de 2017
jueves, 19 de enero de 2017
Me gusta Marta como novio
Ejem... Hola.
Soy lo peor, lo sé, he dejado esto bastante de lado últimamente. En mi defensa, diré que tengo muchas excusas y muy buenas.
Antes que nada, a toda la gente que me pregunta continuamente si ya me he ido a USA, si me voy a ir al final, si me va bien... En definitiva, que os dejé con al intriga, así que antes de escribir nada más, os cuento un poco sobre este tema:
- Si, me voy a ir a USA.
- No, no se que día exacto, pero será en verano, en agosto.
- Si, no me voy antes por distintos temas, principalmente por el trabajo y la universidad.
- No, todavía no tengo familia, pero ya estoy metida hasta la nuca con una agencia.
- Si, os contaré cuando haya novedades.
- No, no os voy a contar como he hecho el papeleo, ni los tramites de la agencia, ni nada parecido: mucha gente ya ha escrito sobre eso, y no me parece necesario a estas alturas. Os iré contando como me va la cosa, pero no creo que me extienda lo suficiente como para hacer entradas en el blog, así que lo haré en Facebook (tenéis un botoncito en la columna de la derecha, para darle a me gusta si queréis estar enteradas de todo).
- Si, os presentaré a mi familia cuando la tenga, pero...
- ... no, no os voy a contar el proceso de selección de la familia. Simple y llanamente, me da pereza. Os iré contando por Facebook.
Dicho todo esto, gracias a todas y todos los que me han ido preguntando todo este tiempo que como me iba la cosa. Sois un gran apoyo.
Ahora, a lo que venia.
Hace unas semanas publiqué esto en Facebook:
Estoy INDIGNADA. Me han llegado mensajes con los que he alucinado, que no os copiaré aquí porque no quiero ese tipo de mierda ensuciando mi blog.
Trabajo con niños y hablo mucho con ellos, y me sentí muy muy mal por esa niña por varios motivos, el principal, es que es una lástima que esa niña no sepa que puede tener NOVIA.
Todo esa situación me hizo pensar mucho, porque al fin y al cabo, que esto sea así es culpa nuestra, de los adultos. Somos nosotros los que metemos a los niños, desde que nacen, en un armario, y después les decimos (hablo obviamente, de la gente civilizada, no de los despojos sociales) que no pasa nada si salen de él.
Y digo yo, ¿no seria más fácil no meter a los niños en ese armario?
Con los adolescentes, hace tiempo que hago esto, que quito todo armario de su vocabulario. Cuando me preguntan si tengo novio (lo preguntan siempre, los muy cansinos) les respondo un alto y claro ¿Y si tengo novia?. Aquí hay tres posibilidades de respuesta:
a) Que se queden muertos y no te pregunten más
b) Que te pregunten "¿eres lesbiana?"
c) Que te pregunten "¿tienes novia?".
En el primer caso, los dejo en paz, tarde o temprano vienen y te hacen la pregunta B o C. En el segundo caso, les digo que "quizá si, quizá no, quien sabe". En el tercer caso, les respondo "Y si tengo novio?".
Con todo esto busco que los niños no den por sentado la sexualidad de nadie. Y oye, lo consigo, porque al final te preguntan un buen "¿tienes novio o novia?". O bien, "¿Tienes pareja?". También es verdad, que consigues tener una charla con ellos sobre la libertad de orientación sexual y de que deberían hablar en neutro (cambiar novio por "novio o novia", "pareja"), porque nunca saben si pueden hacerle daño a alguien, o obligar a alguien a ocultar su sexualidad si no está preparado para decirlo en alto. En cualquier caso, respetar a la persona.
Pero claro, esto lo hacía con adolescentes. Y el problema está con los niños. Cuando les decimos que si tienen un novio, nos parece muy graciosa la reacción de los niños, pero ya les estamos inculcando cosas que, a la larga, quizá hacen que su vida pase por una etapa bastante oscura. Y será todo por nuestra culpa. Así que como tengo la suerte de trabajar en un sitio donde se promueve la igualdad en todos los aspectos (racial, de orientación sexual, y de género), lo hablé con mis compañeros y ahora hacemos lo mismo con los niños, sean de la edad que sean.
Muchos padres no hablan de homosexualidad con sus hijos porque creen que son demasiado pequeños para "exponerlos" a todo esto. Esta actitud me parece simplemente vergonzosa, porque cuando ese hijo suyo se encuentre a un niño en clase que tenga dos mamás, ¿Que hará? No lo entenderá, y no es responsabilidad de ese niño explicarle a otro porqué tiene dos mamás, sino que es culpa de los padres, que nunca le han enseñado que eso es algo normal y posible. Suelen ser los mismos que cuando ven que su hijo se ha puesto un tutú, dicen algo parecido a "Mira, se ha vestido de NIÑA". No, no se ha vestido de niña, se ha vestido de niño con un tutú. PUNTO.
La homofobia se cura desde la cuna. Los estereotipos de género también. Nunca es demasiado pronto para enseñarle a tu hijo que es normal y que no, porque nunca sabes si ese hijo tuyo al cual no quieres exponer a nada porque pobrecito, es muy pequeño para eso, el día de mañana pasara los peores años de su vida ocultando su homosexualidad porque no sabe si tu lo vas a seguir queriendo o no.
Soy lo peor, lo sé, he dejado esto bastante de lado últimamente. En mi defensa, diré que tengo muchas excusas y muy buenas.
Antes que nada, a toda la gente que me pregunta continuamente si ya me he ido a USA, si me voy a ir al final, si me va bien... En definitiva, que os dejé con al intriga, así que antes de escribir nada más, os cuento un poco sobre este tema:
- Si, me voy a ir a USA.
- No, no se que día exacto, pero será en verano, en agosto.
- Si, no me voy antes por distintos temas, principalmente por el trabajo y la universidad.
- No, todavía no tengo familia, pero ya estoy metida hasta la nuca con una agencia.
- Si, os contaré cuando haya novedades.
- No, no os voy a contar como he hecho el papeleo, ni los tramites de la agencia, ni nada parecido: mucha gente ya ha escrito sobre eso, y no me parece necesario a estas alturas. Os iré contando como me va la cosa, pero no creo que me extienda lo suficiente como para hacer entradas en el blog, así que lo haré en Facebook (tenéis un botoncito en la columna de la derecha, para darle a me gusta si queréis estar enteradas de todo).
- Si, os presentaré a mi familia cuando la tenga, pero...
- ... no, no os voy a contar el proceso de selección de la familia. Simple y llanamente, me da pereza. Os iré contando por Facebook.
Dicho todo esto, gracias a todas y todos los que me han ido preguntando todo este tiempo que como me iba la cosa. Sois un gran apoyo.
Ahora, a lo que venia.
Hace unas semanas publiqué esto en Facebook:
Estoy INDIGNADA. Me han llegado mensajes con los que he alucinado, que no os copiaré aquí porque no quiero ese tipo de mierda ensuciando mi blog.
Trabajo con niños y hablo mucho con ellos, y me sentí muy muy mal por esa niña por varios motivos, el principal, es que es una lástima que esa niña no sepa que puede tener NOVIA.
Todo esa situación me hizo pensar mucho, porque al fin y al cabo, que esto sea así es culpa nuestra, de los adultos. Somos nosotros los que metemos a los niños, desde que nacen, en un armario, y después les decimos (hablo obviamente, de la gente civilizada, no de los despojos sociales) que no pasa nada si salen de él.
Y digo yo, ¿no seria más fácil no meter a los niños en ese armario?
Con los adolescentes, hace tiempo que hago esto, que quito todo armario de su vocabulario. Cuando me preguntan si tengo novio (lo preguntan siempre, los muy cansinos) les respondo un alto y claro ¿Y si tengo novia?. Aquí hay tres posibilidades de respuesta:
a) Que se queden muertos y no te pregunten más
b) Que te pregunten "¿eres lesbiana?"
c) Que te pregunten "¿tienes novia?".
En el primer caso, los dejo en paz, tarde o temprano vienen y te hacen la pregunta B o C. En el segundo caso, les digo que "quizá si, quizá no, quien sabe". En el tercer caso, les respondo "Y si tengo novio?".
Con todo esto busco que los niños no den por sentado la sexualidad de nadie. Y oye, lo consigo, porque al final te preguntan un buen "¿tienes novio o novia?". O bien, "¿Tienes pareja?". También es verdad, que consigues tener una charla con ellos sobre la libertad de orientación sexual y de que deberían hablar en neutro (cambiar novio por "novio o novia", "pareja"), porque nunca saben si pueden hacerle daño a alguien, o obligar a alguien a ocultar su sexualidad si no está preparado para decirlo en alto. En cualquier caso, respetar a la persona.
Pero claro, esto lo hacía con adolescentes. Y el problema está con los niños. Cuando les decimos que si tienen un novio, nos parece muy graciosa la reacción de los niños, pero ya les estamos inculcando cosas que, a la larga, quizá hacen que su vida pase por una etapa bastante oscura. Y será todo por nuestra culpa. Así que como tengo la suerte de trabajar en un sitio donde se promueve la igualdad en todos los aspectos (racial, de orientación sexual, y de género), lo hablé con mis compañeros y ahora hacemos lo mismo con los niños, sean de la edad que sean.
Muchos padres no hablan de homosexualidad con sus hijos porque creen que son demasiado pequeños para "exponerlos" a todo esto. Esta actitud me parece simplemente vergonzosa, porque cuando ese hijo suyo se encuentre a un niño en clase que tenga dos mamás, ¿Que hará? No lo entenderá, y no es responsabilidad de ese niño explicarle a otro porqué tiene dos mamás, sino que es culpa de los padres, que nunca le han enseñado que eso es algo normal y posible. Suelen ser los mismos que cuando ven que su hijo se ha puesto un tutú, dicen algo parecido a "Mira, se ha vestido de NIÑA". No, no se ha vestido de niña, se ha vestido de niño con un tutú. PUNTO.
La homofobia se cura desde la cuna. Los estereotipos de género también. Nunca es demasiado pronto para enseñarle a tu hijo que es normal y que no, porque nunca sabes si ese hijo tuyo al cual no quieres exponer a nada porque pobrecito, es muy pequeño para eso, el día de mañana pasara los peores años de su vida ocultando su homosexualidad porque no sabe si tu lo vas a seguir queriendo o no.
martes, 30 de agosto de 2016
Frustración
Así estoy: sacando los palos que algunos le han puesto a las ruedas de mi vida. No he querido escribir nada de esto porque ni siquiera yo, que me he cachondeado de una operación pañal bastante delicada y larga, le consigo encontrar un lado cómico.
Quería irme a USA a principios de 2016. No pudo ser. Después quise irme antes de verano, y no dio tiempo. Finalmente pensé en irme al terminar este año, y al final me iré cuando los astros se alineen.
Todo empezó con la DGT, la querida Direccion General de Trafico a la que todo el mundo le tiene cariño. Para quien no lo sepa, estos llevan de huelga desde el verano de 2015. Eso se traduce en que aunque la huelga oficialmente haya terminado hace meses, los retrasos que esta ha ocasionado siguen ahí. Y claro, para solucionar este tinglado han montado otra huelga encubierta que todavía lo mejora todo un poco más.
Esto se traduce en que me he pasado un año entero intentando sacarme el carnet de conducir. Primero fueron las esperas de tres meses para poder entrar en listas de examen teórico. Me apunté en junio y me pude presentar a principios de octubre.
Cuando llegó la época de hacer las prácticas, a un precio indignante para cualquiera, a altas horas de la noche porque a parte del carné, estudiaba y trabajaba a jornada completa.
Finalmente, llegaron los meses (en plural) de espera para poder presentarme a examen. Y una vez allí, tocaba tragar los suspensos que no eran suspensos y los examinadores que entraban al coche diciendo que hoy ya tenían a su cupo de aprobados lleno, los meses largos de espera para otro examen y pagar pagar y pagar por todos lados. Todo muy alentador.
Pero no te quejes, no abras la boca, no te defiendas. Y en medio de todo esto, independizarme y mudarme a 100 km de mi ciudad, teniendo que regresar una vez a la semana solo para hacer practicas.
Una vez superado esto, pensaba que todo seria un camino de rosas.
Pues no.
Empecé a rellenar el perfil de la agencia y fui a gestionar el papeleo. Resulta que el certificado de penales sigue costando horas de cola, con suerte puedes sacártelo el primer día que vas. Obviamente la única manera de sacarlo sin depender de Correos y que, por tanto, esperes más de un mes, es en Barcelona, en una oficina donde solo dan 20 números al día. Vaya, que la gente madruga para hacer cola antes de que abran.
Entonces, en ese oasis para conseguir el certificado, la chica de la agencia te dice que el carnet provisional no les valía para mandar mis papeles a Alemania, a que los gestione la agencia. Así que tocó esperar a que mandaran el carnet oficial. Teniendo en cuenta que el provisional tardó casi un mes... Paciencia y dos tilas.
Y no contentos con eso, con todo el trabajo añadido que irse a USA supone en mi vida, la chica de la agencia me convoca a una entrevista en Barcelona. Eso ponía en el email. En Barcelona. Días después la chica que me hará la entrevista se pone en contacto conmigo y me informa que la entrevista es en Calella. Ahora poned Calella en Google Maps. Una hora y media en RENFE, dirección Gerona, desde Barcelona. Eso es la teoría, porque la línea que te lleva es la R1, la mejor de todas. Vaya, que las dos horas buenas que vas a pasarte en el tren no te las quita nadie.
Si esto no fuera suficientemente triste, ahora recordad que ya no vivo en Barcelona, sino a una hora en coche de allí dirección Valencia. Eso quiere decir, en resumidas cuentas, que ir a la entrevista me supone 6 horas de viaje de ida y otras tantas de vuelta en trenes regionales, más pedirme un día libre en el trabajo y por lo tanto, perder el sueldo de ese día. Que obviamente, independizada, el dinero me sale por las orejas. Me pregunto yo si las agencias no conocen aun algo llamado Skype...
Total, que no es que no quiera contar mi experiencia, es que esta todavía no ha empezado. Y al paso que voy...
En fin. Al menos tengo salud.
Quería irme a USA a principios de 2016. No pudo ser. Después quise irme antes de verano, y no dio tiempo. Finalmente pensé en irme al terminar este año, y al final me iré cuando los astros se alineen.
Todo empezó con la DGT, la querida Direccion General de Trafico a la que todo el mundo le tiene cariño. Para quien no lo sepa, estos llevan de huelga desde el verano de 2015. Eso se traduce en que aunque la huelga oficialmente haya terminado hace meses, los retrasos que esta ha ocasionado siguen ahí. Y claro, para solucionar este tinglado han montado otra huelga encubierta que todavía lo mejora todo un poco más.
Esto se traduce en que me he pasado un año entero intentando sacarme el carnet de conducir. Primero fueron las esperas de tres meses para poder entrar en listas de examen teórico. Me apunté en junio y me pude presentar a principios de octubre.
Cuando llegó la época de hacer las prácticas, a un precio indignante para cualquiera, a altas horas de la noche porque a parte del carné, estudiaba y trabajaba a jornada completa.
Finalmente, llegaron los meses (en plural) de espera para poder presentarme a examen. Y una vez allí, tocaba tragar los suspensos que no eran suspensos y los examinadores que entraban al coche diciendo que hoy ya tenían a su cupo de aprobados lleno, los meses largos de espera para otro examen y pagar pagar y pagar por todos lados. Todo muy alentador.
Pero no te quejes, no abras la boca, no te defiendas. Y en medio de todo esto, independizarme y mudarme a 100 km de mi ciudad, teniendo que regresar una vez a la semana solo para hacer practicas.
Una vez superado esto, pensaba que todo seria un camino de rosas.
Pues no.
Empecé a rellenar el perfil de la agencia y fui a gestionar el papeleo. Resulta que el certificado de penales sigue costando horas de cola, con suerte puedes sacártelo el primer día que vas. Obviamente la única manera de sacarlo sin depender de Correos y que, por tanto, esperes más de un mes, es en Barcelona, en una oficina donde solo dan 20 números al día. Vaya, que la gente madruga para hacer cola antes de que abran.
Entonces, en ese oasis para conseguir el certificado, la chica de la agencia te dice que el carnet provisional no les valía para mandar mis papeles a Alemania, a que los gestione la agencia. Así que tocó esperar a que mandaran el carnet oficial. Teniendo en cuenta que el provisional tardó casi un mes... Paciencia y dos tilas.
Y no contentos con eso, con todo el trabajo añadido que irse a USA supone en mi vida, la chica de la agencia me convoca a una entrevista en Barcelona. Eso ponía en el email. En Barcelona. Días después la chica que me hará la entrevista se pone en contacto conmigo y me informa que la entrevista es en Calella. Ahora poned Calella en Google Maps. Una hora y media en RENFE, dirección Gerona, desde Barcelona. Eso es la teoría, porque la línea que te lleva es la R1, la mejor de todas. Vaya, que las dos horas buenas que vas a pasarte en el tren no te las quita nadie.
Si esto no fuera suficientemente triste, ahora recordad que ya no vivo en Barcelona, sino a una hora en coche de allí dirección Valencia. Eso quiere decir, en resumidas cuentas, que ir a la entrevista me supone 6 horas de viaje de ida y otras tantas de vuelta en trenes regionales, más pedirme un día libre en el trabajo y por lo tanto, perder el sueldo de ese día. Que obviamente, independizada, el dinero me sale por las orejas. Me pregunto yo si las agencias no conocen aun algo llamado Skype...
Total, que no es que no quiera contar mi experiencia, es que esta todavía no ha empezado. Y al paso que voy...
En fin. Al menos tengo salud.
jueves, 5 de mayo de 2016
Querida yo dentro de 10 años
Querida yo;
Pasados ya los 30, se que recordarás todo esto con cariño. Quizá les hayas hablado de tus niñas alemanas a tus hijos, o quizá las conozcan y se rían contigo rememorando algunas de las maldades que hicieron y que ahora recuerdan por las cosas que sus padres les han contado de mi. Quizá incluso le has explicado algunas de mis aventuras a tu propia au pair. Quien sabe.
Se que todas las cosas que escribo aquí, ahora están cubiertas en una encuadernación cara de tapas duras, mientras acumulan polvo guardadas en alguno de los estantes más altos de la librería, o en alguna caja bajo la cama.
Pero te escribo para que sepas, que a pesar de que ahora solo sean recuerdos vagos de cuando eras joven y hacías locuras, valió la pena. Se que al estar tan ocupada con tu rutina, tu trabajo y tus problemas, a veces crees que olvidas todo lo que aprendiste esos años, a los que recuerdas muy a menudo.
Se que a veces te acuerdas de aquellas personas a las que conociste en ese tiempo. Te sientes mal por haber perdido el contacto con muchas de ellas, pero agradeces a aquellos que siguen a tu lado después de tanto tiempo.
Ahora voy a empezar otra locura. Otra de esas cosas que sabes que al contarlas, más de uno se echará las manos a la cabeza, pero que acabarán aceptando. Ya sabes a cual me refiero.
También espero que ahora, todo esto sean buenos recuerdos y que sonrías al acordarte del momento en que pensaste que era una buena idea.
Por esa razón, deseo que mi aventura en USA deje en ti una huella parecida a mi aventura en Alemania.
Con cariño;
Tu yo de 23 años.
Pasados ya los 30, se que recordarás todo esto con cariño. Quizá les hayas hablado de tus niñas alemanas a tus hijos, o quizá las conozcan y se rían contigo rememorando algunas de las maldades que hicieron y que ahora recuerdan por las cosas que sus padres les han contado de mi. Quizá incluso le has explicado algunas de mis aventuras a tu propia au pair. Quien sabe.
Se que todas las cosas que escribo aquí, ahora están cubiertas en una encuadernación cara de tapas duras, mientras acumulan polvo guardadas en alguno de los estantes más altos de la librería, o en alguna caja bajo la cama.
Pero te escribo para que sepas, que a pesar de que ahora solo sean recuerdos vagos de cuando eras joven y hacías locuras, valió la pena. Se que al estar tan ocupada con tu rutina, tu trabajo y tus problemas, a veces crees que olvidas todo lo que aprendiste esos años, a los que recuerdas muy a menudo.
Se que a veces te acuerdas de aquellas personas a las que conociste en ese tiempo. Te sientes mal por haber perdido el contacto con muchas de ellas, pero agradeces a aquellos que siguen a tu lado después de tanto tiempo.
Ahora voy a empezar otra locura. Otra de esas cosas que sabes que al contarlas, más de uno se echará las manos a la cabeza, pero que acabarán aceptando. Ya sabes a cual me refiero.
También espero que ahora, todo esto sean buenos recuerdos y que sonrías al acordarte del momento en que pensaste que era una buena idea.
Por esa razón, deseo que mi aventura en USA deje en ti una huella parecida a mi aventura en Alemania.
Con cariño;
Tu yo de 23 años.
lunes, 8 de febrero de 2016
Los 9 círculos del infierno, o la llegada de un cachorro a casa
Hace un par de meses, por casualidades y vueltas que da la vida, un cachorro orgullosamente mestizo pasaba por el umbral de mi casa para hacerse un hueco entre la cama de mi otro perro y el sofá. Han sido dos meses demasiado muy intensos, en los que me he cagado en Cesar Millán unas ocho veces al dia y he echo búsquedas en Google tan normales como "Cómo evitar que mi perro se meta ENTERO en el bol del agua" o "Cómo hacer que mi cachorro deje de robarme las bragas".
Ahora que la situación ya está, por decirle de algún modo, estabilitzada, he decidido hacer una reflexión, y contar, como no, la realidad.
Si señores, la pura y dura realidad. Nada de esas publicaciones que se titulan "Porque no debes traer un cachorro a casa", donde entras y solo hay fotos de perros obviamente drogados porque a estas alturas SABES que un cachorro NUNCA duerme, mucho menos arropado en una manta (a no ser que esté meándola o la este desmembrando hilo a hilo) ni rodeado de flores (eso, definitivamente, es Photoshop).
Todo se resume en 9 fases, a cada cual mássuicida entretenida:
Primer círculo: Pues nos ha salido tranquilo
Los cojones.
Tu traes el cachorro a casa, le enseñas su cama nueva, su mantita de polar, su bol de comida y agua, y él lo huele encantado, se tumba, juega un poco con la manta... y alguien dice la frase estrella de "Pues parece que nos ha salido tranquilo". Os vais a la cocina, volvéis con el saco de pienso y SORPRESA. Ya no hay cama. La manta parece haber explotado. El bol de la comida está encima del sofá. Y en medio de todo ese follón, el perro mirándote con cara de "Si te cuento lo que ha pasado, te juro que no te lo crees!".
Empieza el juego.
Segundo círculo: Fregona
Todo son risas hasta que encuentras un zurullo encima del sofá. Esto es así. A partir de ese momento te pasas el dia mocho en mano recogiendo meados. Tu perro es una fuente de pis. Te asombra la cantidad de líquido (y sólido) que un animal de ese tamaño es capaz de producir, y por supuesto, te asombra todavía más el criterio que tiene sobre dónde soltarlo:
Y mi favorita:
Tercer círculo: El Periódico
Solo sueltas la fregona para hacer una consulta desesperada en San Google: "Cómo hacer que mi cachorro no se mee por todos ladospor dios que estoy desesperada y no se a que santo ponerle velas, le doy mi nómina entera a quien me de una solución POR FAVOR AYUDAD A UNA MUJER AL BORDE DE LA HISTERIA".
Y Google, en su immensa sabiduría, te da la solución: hacerle mear en periódicos y que se acostumbre a hacerlo siempre ahí. Te vas al quiosco, compras 10 periódicos edición dominical y te vas a casa creyendo ver la luz.
Parece fácil.
Bueno, pues no lo es. Probablemente lo destroce, se lo coma, juegue con él o te lo traiga a ti al váter (esto os juro que es verídico). Todo menos mear encima.
Pero tu estás decidida a que el perro aprenda a mear en dicho periódico. Es o eso, o tu salud mental.
Por lo tanto, la siguiente semana se puede resumir así:
Tu eres Batman corriendo hacia el periódico. La bomba es el perro mientras mea o caga.
Nota: Tened en cuenta que el perro no dejará de mear o cagar cuando lo cojáis al vuelo para llevarlo como si te hubiera poseído satanás al rincón donde tiene el periódico. Entonces, la posibilidad de terminar con pis de perro de cintura para abajo o de pasar derrapando todo el comedor porque habéis pisado terreno pantanoso, es alta. Muy alta.
Cuarto círculo: El bulto
Con el tema periódico y pipimás o menos controlado, la veterinaria por fin te da bandera verde para empezar a sacar el perro a la calle. Eso si, en brazos (lloros internos).
La veterinaria se debe creer que eres Schwarzenegger porque mi perro con 2 meses ya pesaba 7 kg. Y cargar más de 10 minutos a 7 kg que solo quieren libertad mientras andas por el monte está en manos de muy pocos. Yo no soy una de ellas, así que me agencié una mochila vieja del Decathlon y bueno... :
Aunque ni yo sonreía así, ni mi perro estaba tan felizmente quietecito. No me juzguéis, por favor. Uno hace cosas que nunca se hubiera imaginado en estas situaciones.
Quinto círculo: Cuarto Milenio
Pocos días después, mientras te estás duchando, el perro conseguirá abrir la puerta y la escena de tu corriendo en paños menores (en pelotas, vaya) por toda la casa al grito de "Devuélveme mis bragas que son nuevas!", finalmente va a ocurrir.
Que no os de vergüenza, no hay dolor. Mantened la cabeza bien altay rezad para que ningún vecino os haya grabado en vídeo.
Persigues al perro por toda la casa, hasta que se esconde debajo del sofá y ABRACADABRA.
¿Sabéis todos esos calcetines que últimamente han desaparecido en la cuarta dimensión de la lavadora? Pues parece ser que ni siquiera llegaron nunca a lavarse y una vez los encuentras, solo te los vas a poder poner de nuevo si te mola esto del vagabundo style.
Sexto círculo: Huracán Katrina
Al llegar el perro a casa, sabes que romperá cosas. Todo el mundo sabe que los cachorros lo muerden todo, lo que no te imaginas es la cantidad de sabotajes que es capaz de realizar un bicho tan pequeño.
Primero intentas que la destrucción se reduzca a una habitación. Fallas estrepitosamente.
Posteriormente tomas otro punto de vista y intentas limitar la destrucción a todo lo que esté a menos de un metro de altura. Descubres entonces que tu perro valdría para competir en salto de altura en las olimpiadas.
Después dejas tu casa en un estado minimalista con la esperanza de salvar, al menos, la decoración. Finalmente declaras tu casa zona catastrófica, te resignas y te vas a Ikea.
Séptimo círculo: La vida es chula
"¿Porque la mierda del perro tiene puntitos amarillos?"
"¿Amarillos? Deberían ser azules, ayer se comió un calcetín azul"
"Pues tiene puntitos amarillos"
"¿Te has fijado bien? Ayer tenia trazas verdes"
Las mierdas parecen sacadas de la tienda de Desigual de tanto colorido que tienen. Eso si, llega un momento en que pierdes la cuenta de la cantidad de cosas que ha de sacar la bestia y bueno... Para los interesados, al final lo amarillo era la suela de un zapato.
Octavo círculo: Perdona, eres gilipollas o algo?
En un momento claramente de desesperación, comentas las siete fases anteriores con alguien pseudo-experto, que acto seguido te recomienda que:
a) Le des un golpe en la nuca con una revista doblada cuando haga algo mal.
b) Le restriegues el hocico en su propia mierda cuando no lo haga donde debe.
c) Le des agua solo tres veces al día, con la comida.
d) Le "busques otra casa".
Sera un cabrón con ganas, pero es mi perro y lo quiero, así que para todos esos iluminados que dan estos consejos, o para quien los pone en práctica:
Noveno círculo: Lo peor ha pasado
Llega el esperado día en que ya puede salir a la calle. Probablemente en este momento tu ya te hayas encomendado a vírgenes que hace un par de meses no sabias siquiera que existían. Has llenado tu móvil de fotos y vídeos de tu perro. Incluso tienes uno en el que te roba las bragas, y ahora te hace gracia.
Ha llegado pues, el momento de presentarlo en sociedad, porque como todo el mundo te dice, lo peor ya ha pasado.
Lo sacas por fin, entre lloros de alegría y confeti (que probablemente se coma) a dar su primer paseo.
Ahora que la situación ya está, por decirle de algún modo, estabilitzada, he decidido hacer una reflexión, y contar, como no, la realidad.
Si señores, la pura y dura realidad. Nada de esas publicaciones que se titulan "Porque no debes traer un cachorro a casa", donde entras y solo hay fotos de perros obviamente drogados porque a estas alturas SABES que un cachorro NUNCA duerme, mucho menos arropado en una manta (a no ser que esté meándola o la este desmembrando hilo a hilo) ni rodeado de flores (eso, definitivamente, es Photoshop).
Todo se resume en 9 fases, a cada cual más
Los 9 Círculos del Infierno
Primer círculo: Pues nos ha salido tranquilo
Los cojones.
Tu traes el cachorro a casa, le enseñas su cama nueva, su mantita de polar, su bol de comida y agua, y él lo huele encantado, se tumba, juega un poco con la manta... y alguien dice la frase estrella de "Pues parece que nos ha salido tranquilo". Os vais a la cocina, volvéis con el saco de pienso y SORPRESA. Ya no hay cama. La manta parece haber explotado. El bol de la comida está encima del sofá. Y en medio de todo ese follón, el perro mirándote con cara de "Si te cuento lo que ha pasado, te juro que no te lo crees!".
Empieza el juego.
Segundo círculo: Fregona
Todo son risas hasta que encuentras un zurullo encima del sofá. Esto es así. A partir de ese momento te pasas el dia mocho en mano recogiendo meados. Tu perro es una fuente de pis. Te asombra la cantidad de líquido (y sólido) que un animal de ese tamaño es capaz de producir, y por supuesto, te asombra todavía más el criterio que tiene sobre dónde soltarlo:
- Encima de tus zapatos nuevos.
- En medio de la entrada de casa, para que nada más llegar pises en blando.
- En su cama nueva. En su manta. En sus juguetes... En realidad, encima de cualquier cosa que consideremos suya.
Y mi favorita:
- Justo al lado tuyo mientras estas comiendo. Ten por seguro que será la mierda más apestosa que ha existido nunca.
Tercer círculo: El Periódico
Solo sueltas la fregona para hacer una consulta desesperada en San Google: "Cómo hacer que mi cachorro no se mee por todos lados
Y Google, en su immensa sabiduría, te da la solución: hacerle mear en periódicos y que se acostumbre a hacerlo siempre ahí. Te vas al quiosco, compras 10 periódicos edición dominical y te vas a casa creyendo ver la luz.
Parece fácil.
Bueno, pues no lo es. Probablemente lo destroce, se lo coma, juegue con él o te lo traiga a ti al váter (esto os juro que es verídico). Todo menos mear encima.
Pero tu estás decidida a que el perro aprenda a mear en dicho periódico. Es o eso, o tu salud mental.
Por lo tanto, la siguiente semana se puede resumir así:
Tu eres Batman corriendo hacia el periódico. La bomba es el perro mientras mea o caga.
Nota: Tened en cuenta que el perro no dejará de mear o cagar cuando lo cojáis al vuelo para llevarlo como si te hubiera poseído satanás al rincón donde tiene el periódico. Entonces, la posibilidad de terminar con pis de perro de cintura para abajo o de pasar derrapando todo el comedor porque habéis pisado terreno pantanoso, es alta. Muy alta.
Cuarto círculo: El bulto
Con el tema periódico y pipi
La veterinaria se debe creer que eres Schwarzenegger porque mi perro con 2 meses ya pesaba 7 kg. Y cargar más de 10 minutos a 7 kg que solo quieren libertad mientras andas por el monte está en manos de muy pocos. Yo no soy una de ellas, así que me agencié una mochila vieja del Decathlon y bueno... :
Quinto círculo: Cuarto Milenio
Pocos días después, mientras te estás duchando, el perro conseguirá abrir la puerta y la escena de tu corriendo en paños menores (en pelotas, vaya) por toda la casa al grito de "Devuélveme mis bragas que son nuevas!", finalmente va a ocurrir.
Que no os de vergüenza, no hay dolor. Mantened la cabeza bien alta
Persigues al perro por toda la casa, hasta que se esconde debajo del sofá y ABRACADABRA.
¿Sabéis todos esos calcetines que últimamente han desaparecido en la cuarta dimensión de la lavadora? Pues parece ser que ni siquiera llegaron nunca a lavarse y una vez los encuentras, solo te los vas a poder poner de nuevo si te mola esto del vagabundo style.
Sexto círculo: Huracán Katrina
Al llegar el perro a casa, sabes que romperá cosas. Todo el mundo sabe que los cachorros lo muerden todo, lo que no te imaginas es la cantidad de sabotajes que es capaz de realizar un bicho tan pequeño.
Primero intentas que la destrucción se reduzca a una habitación. Fallas estrepitosamente.
Posteriormente tomas otro punto de vista y intentas limitar la destrucción a todo lo que esté a menos de un metro de altura. Descubres entonces que tu perro valdría para competir en salto de altura en las olimpiadas.
Después dejas tu casa en un estado minimalista con la esperanza de salvar, al menos, la decoración. Finalmente declaras tu casa zona catastrófica, te resignas y te vas a Ikea.
Séptimo círculo: La vida es chula
"¿Porque la mierda del perro tiene puntitos amarillos?"
"¿Amarillos? Deberían ser azules, ayer se comió un calcetín azul"
"Pues tiene puntitos amarillos"
"¿Te has fijado bien? Ayer tenia trazas verdes"
Las mierdas parecen sacadas de la tienda de Desigual de tanto colorido que tienen. Eso si, llega un momento en que pierdes la cuenta de la cantidad de cosas que ha de sacar la bestia y bueno... Para los interesados, al final lo amarillo era la suela de un zapato.
Octavo círculo: Perdona, eres gilipollas o algo?
En un momento claramente de desesperación, comentas las siete fases anteriores con alguien pseudo-experto, que acto seguido te recomienda que:
a) Le des un golpe en la nuca con una revista doblada cuando haga algo mal.
b) Le restriegues el hocico en su propia mierda cuando no lo haga donde debe.
c) Le des agua solo tres veces al día, con la comida.
d) Le "busques otra casa".
Sera un cabrón con ganas, pero es mi perro y lo quiero, así que para todos esos iluminados que dan estos consejos, o para quien los pone en práctica:
Noveno círculo: Lo peor ha pasado
Llega el esperado día en que ya puede salir a la calle. Probablemente en este momento tu ya te hayas encomendado a vírgenes que hace un par de meses no sabias siquiera que existían. Has llenado tu móvil de fotos y vídeos de tu perro. Incluso tienes uno en el que te roba las bragas, y ahora te hace gracia.
Ha llegado pues, el momento de presentarlo en sociedad, porque como todo el mundo te dice, lo peor ya ha pasado.
Lo sacas por fin, entre lloros de alegría y confeti (que probablemente se coma) a dar su primer paseo.
Espera, espera.
¿Porque muerde la correa ahora?
¿Porque se come las mierdas del suelo?
¿Porque se come también lo que no son mierdas?
Dios mío, ¿Nunca dejará de ir como vaca sin cencerro?
¿Porque quiere a matar al perro del vecino?
¿Porque ....?
¿Que lo peor ya ha pasado?
¿Quien fue el degenerado que se inventó semejante mentira?
miércoles, 6 de enero de 2016
Vagabundo Style, o cómo vestirse para ser au pair
Hace ya un tiempo, recibí un email que me hizo reír a carcajadas. De verdad, me alegró el dia. Esa chica me pedía si podía escribir una entrada hablando de mi rutina de la mañana y de los oufits con estilo que usaba para trabajar de au pair. Palabras suyas, no mías.
Despues de consultar en Google, enterarme que era eso de la rutina de la mañana, leer diversos sitios donde esas fashionbloguers hacen maravillosos tutoriales de maquillaje a las 5 de la mañana (que me pregunto yo, ¿a que hora se levanta esa gente para ir a trabajar? Porque si yo me pongo a hacer chapa y pintura a ese nivel, tardo un par de horas bien buenas en salir de casa), vi como se vestían y posaban con looks comodísimos y TO-TAL-MEN-TE funcionales... Decidí escribir mi propia entrada, tal y como le prometí a la chica.
Mi rutina de la mañana es simple, poco interesante y bastante realista:
Suena el despertador, lo paro, suena de nuevo 5 minutos después, lo paro... y esto se repite unas 5 veces más. Me levanto, me quedo un tiempo indefinido sentada en la cama mirando al horizonte mientras me planteo fingir una diarrea profunda para quedarme en la cama el resto del día.
Finalmente descarto la idea, me enrosco cual kebab en mi batamanta y me arrastro hasta la ducha para ver si debajo de un chorro de agua me vuelvo un poco más persona.
Fin.
El Vagabundo Style consta de 4 oufits básicos y combinables, que se usan dependiendo únicamente de si hay que salir a la calle o no, y durante cuanto tiempo.
Despues de consultar en Google, enterarme que era eso de la rutina de la mañana, leer diversos sitios donde esas fashionbloguers hacen maravillosos tutoriales de maquillaje a las 5 de la mañana (que me pregunto yo, ¿a que hora se levanta esa gente para ir a trabajar? Porque si yo me pongo a hacer chapa y pintura a ese nivel, tardo un par de horas bien buenas en salir de casa), vi como se vestían y posaban con looks comodísimos y TO-TAL-MEN-TE funcionales... Decidí escribir mi propia entrada, tal y como le prometí a la chica.
Vagabundo Style
(o como vestirse para ser au pair)
Mi rutina de la mañana es simple, poco interesante y bastante realista:
Suena el despertador, lo paro, suena de nuevo 5 minutos después, lo paro... y esto se repite unas 5 veces más. Me levanto, me quedo un tiempo indefinido sentada en la cama mirando al horizonte mientras me planteo fingir una diarrea profunda para quedarme en la cama el resto del día.
Finalmente descarto la idea, me enrosco cual kebab en mi batamanta y me arrastro hasta la ducha para ver si debajo de un chorro de agua me vuelvo un poco más persona.
Fin.
Comprenderéis que mi dignidad me impida colgar material gráfico de este momento tan glorioso de mi existencia.
Por otro lado, esta el tema del "oufit con estilo para ser au pair".
Durante estos años he dejado claro que el Vagabundo Style es mi filosofía de vida mientras estoy a cargo de semihumanos menores de 18 años. Hoy ha llegado el momento de especificar Qué es y Cómo se consigue este maravilloso estilo de vestir.
Por adelantado voy a agradecer a mi querida amiga Palouma su gran aportación a modo de colaboración con parte del material fotográfico en esta entrada.
Todas las fotos se han hecho durante las horas de trabajo. No hay ni trampa ni cartón. Si hay manchas, o vamos despeinadas, es lo que hay. Señoras, esto es la vida real.
- Oufit 1 -
Me calzo unas bambas y a cascarla
Este precioso modelito se compone de una mezcla de prendas made in Decathlon (este factor es de suma importancia: si no es de Decathlon, no sirve). El oufit 1 se usa en dos situaciones:
a) Cuando te has dormido y no te da tiempo a vestirte.
b) Cuando has de salir a la calle pero por un tiempo tan tan corto, que no te vale la pena malgastar el tiempo para vestirte.
Mallas de yoga, o de cualquier otro deporte que se usen mallas, una sudadera y una camiseta de manga larga o corta según si se va a usar el coche o hay que ir andando, són las prendas ideales para crear un estilo como este. Sirve tanto para dormir como para salir a correr, lo único que cambia son los zapatos.
En este caso, y como hay que salir a la calle, usamos unas bambas que nos peguen (o no) con la ropa (a poder ser, que sea la de fuera y no la interior). Si están sucias se gana puntos de vagabundez, cosa que mejorará notablemente el conjunto.
Podemos rematar el oufit con lo que yo llamo "quiso ser un moño pero terminó en pinza":
- Oufit 2 -
Parecía que iba a hacer calor, pero no.
Este look se usa si hay que estar vestido para trabajar. Pero quien dijo vestido no dijo bien vestido. Consiste en ponerte varias prendas de calle encima, sin orden ni moderación alguna, de verano y de invierno, todo mezclado. Manga corta, un jersey (importante: no han de combinar), y los tejanos más viejos que tengáis.
Nota:
Lo que llevo colgado es un babero. Me hice varias fotos, incluso cogí un libro del niño para posar. Después vi las fotos en la cámara y... el babero. Como os digo, esto es la vida real.
Como decía, hay que estar vestida pero ojo, eso no significa con zapatos, que para algo estais en casa. Por ese motivo, lo indicado en estos casos es llevar esas zapatillas. Las de los chinos, las que compraste un dia con algún propósito que ya no recuerdas. Si te van 3 tallas grandes, mejor. Y si es de un color bonito como azul hortera, remataréis un conjunto ya de por si digno de pasarela.
Eso si, han de ser cómodas.
El peinado idóneo para este look es la "trenza-ni-un-pelo-suelto", que te recoge hasta el flequillo para que el niño de turno no juegue a ser Tarzán con cualquier mechón de pelo que se suelte de la goma. Hay que hacérsela sin mirarse en el espejo y ha de quedar torcida, sino puedes estropear el oufit.
- Oufit 3 -
Er chándal
Este oufit es para salir a la calle de forma premeditada. Vaya, que se pretendía salir, y no como en el oufit 1, que te ha pillado de sopetón el asunto. Para esto nos ponemos una sudadera que NO lleve cremallera, ya que lo más probable es que se tenga que cargar a algun niño y las cremalleras, en ese caso, las carga el diablo (y más si tenéis pelo largo). En la parte de abajo, que cada cual elija según el clima o lo que le parezca cómodo para, probablemente, arrastrarse por el suelo.
Habrá quien use zapatos, pero esto es el Vagabundo Style así que seguiremos usando bambas. Las ideales son unas que os permitan pegaros una buena carrera cuando un niño decida hacer una escapada dirección carretera con coches. Puntos extra si en algun momento del pasado fueron de un color uniforme y ahora son... ¿marrones?:
El toque estrella de este modelito es el peinado: el "moño de abuela". Ya sabéis, ese que se hace haciéndote una coleta a lo choni (en la coronilla) enroscándolo y recogiéndolo con horquillas.
- Oufit 4 -
Hoy no se sale
Para terminar, los días que ni siquiera hay que salir de casa, uso la ropa más conocida del mundo: el famoso PIJAMA. El mío es de los Minions.
Y lo llevo muy digna, como ha de ser.
Esta entrada está escrita para que nadie se crea que las au pairs / nannys vamos vestidas como en las fotos de las agencias. No os sintáis mal por usar chándal, de verdad, que vamos a cuidar niños, no a una sesión parlamentaria.
Guardad la ropa bonita para salir, no para trabajar, que para mancharla de comida y babas ya habrá ocasiones de sobra.
lunes, 19 de octubre de 2015
Momentos trascendentales de alimentar a un bebé
Nunca había cuidado a un bebé tanto tiempo seguido ni tantas horas al día. Cuando empecé como nanny, trabajaba part time, mi niño tenía solo 3 meses, no aguantaba la cabeza y era calvo (más que clavo, era una cabeza con mechones de pelo graso y caspa gorda, también llamada crosta láctea). Ahora acaba de cumplir los 10 meses, estoy con él de 9 a 5, su melenita rubia con kiki incluido es envidiable y está echando a andar. Después de este tiempo, me veo en la obligación de sacar a la luz todo lo que llevo escrito sobre él, las aventuras y desventuras que hemos pasado y los momentos que hemos vivido.
Voy a empezar explicando los momentos alimenticios más... mira, que mejor os pongo una imagen para definirlos:
Todo empieza cuando que el niño, con 4 meses, aprende que su comida esta en las tetas. En cualquier tipo de tetas. Así, sin criterio, sean las de su madre o las de la panadera. Y claro, tu, como mujer, también las tienes. Un buen día de junio, el bebé se despierta de una siesta de dos horas y media con un hambre voraz, berrea y berrea incluso antes de abrir los ojos, y tu, solícita, lo llevas a la cocina para preparar el biberón. Pero su desesperación es mayor que eso, y decide tomarse la justicia por su mano, agarrándote del cuello de la camiseta como si no hubiera un mañana mientras que ya empieza a adquirir un color rojizo-amoratado y llora mientras se desgañita gritando. En esta situación, el electricista que casualmente está renovando la electricidad de la casa decide entrar en dicha cocina y te encuentra con un Gremlin rojo y chillón cogido con sus dos manitas al cuello de tu camiseta, que ya está al borde de romper costuras, mientras tu intentas mantener la dignidad, con media teta fuera y estirando del niño en horizontal intentando apartarlo de ti.
Pero no hay dolor, queridas, piensas. De situaciones más rocambolescas se han echo guiones de películas porno, así que si no consigo sacarme la carrera siempre me puedo dedicar a la escritura.
Pero ahí no termina todo. Llega un día en que empieza a comer papillas. Tu vas por la cocina preparándolas tranquilamente mientras él se entretiene chupándole la oreja al perro, cogiendo cada una de las pelusas del suelo y metiéndoselas en la boca, poniendo los dedos en los enchufes y todas esas cosas que hacen los bebés cuando ganan movilidad.
Hierves la zanahoria y las judías verdes, le quitas una pelusa gorda de la boca al niño, descongelas la leche materna, corres porque ves al niño tirando del cable de la nevera, pones a hervir las dos lonchas de pechuga de pollo con un poco de aceite, decides no tentar más a la suerte y metes el niño al parque, trituras las verduras, vuelves a meter el niño al parque porque se ha escapado, trituras la pechuga de pollo, amordazas al niño en la trona, sacas el arroz en polvo del armario, mezclas bien el arroz con la leche materna, lo mezclas con las verduras y el pollo triturado, vas corriendo a por el niño porque ha conseguido alcanzar una revista y se la está comiendo, vuelves a por el bol de papilla, metes el dedo meñique para comprobar que no esté muy caliente, te metes el dedo en la boca...
Un momento. Te has metido papilla en la boca. Papilla con arroz en polvo que has preparado con leche. Leche MATERNA. Y no materna de cualquier teta no, MATERNA DE LAS LAS TETAS DE TU JEFA.
Adiós mundo cruel. Nunca volverás a mirar a tu jefa a los ojos sin pensar: me he metido tu leche en la boca.
Pero no te da tiempo a reflexionar mucho sobre este echo ya que el bebé en cuestión empieza a pedir comida a gritos, porque otra cosa no, pero el ansia de comer de ese niño no es ni medio normal. Tan rápido traga, que antes de que puedas volver a llenar la cuchara ya esta gritando pidiendo que le llenes los mofletes de nuevo. Eso se convierte en una carrera entre el tragando y yo llenando la cuchara y metiéndosela en la boca antes de que grite de nuevo. Empecé a dejar tropezones en la papilla para ver si masticaba y comía más despacio. Os hago saber que no ha funcionado.
Toda historia termina, y esta lo hace del mismo modo que lo hace la comida al recorrer todo nuestro cuerpo: el final oscuro. No podíamos hablar de comida sin hablar de caca, esto es así.
El asunto es que tal y como come, caga. Es decir: mucho y en cantidad. Pero no os preocupéis, no señor. El problema no está en cuando caga, el problema está cuando no lo hace. Todo empieza cuando su madre te dice antes de irse "Esta mañana no ha echo caca". Cuando oyes ese temido "He didn't poop", te tranquiliza saber que no hay mucho en esa barriguita. Pero cuando pasa el día y sigue sin haber rastro de la esperada caca, la cosa empieza a preocupar. Al volver al día siguiente y enterarte de que sigue sin haber soltado el monstruo, empieza el juego. Un horrible juego en turnos de ocho horas en las que deseas que no te toque a ti, entregando al niño al siguiente desafortunado como si de una bomba de relojería se tratara, agradeciendo que no ha explotado contigo, porque sabes que cuando lo haga...
El espectáculo será dantesco.
Voy a empezar explicando los momentos alimenticios más... mira, que mejor os pongo una imagen para definirlos:
Todo empieza cuando que el niño, con 4 meses, aprende que su comida esta en las tetas. En cualquier tipo de tetas. Así, sin criterio, sean las de su madre o las de la panadera. Y claro, tu, como mujer, también las tienes. Un buen día de junio, el bebé se despierta de una siesta de dos horas y media con un hambre voraz, berrea y berrea incluso antes de abrir los ojos, y tu, solícita, lo llevas a la cocina para preparar el biberón. Pero su desesperación es mayor que eso, y decide tomarse la justicia por su mano, agarrándote del cuello de la camiseta como si no hubiera un mañana mientras que ya empieza a adquirir un color rojizo-amoratado y llora mientras se desgañita gritando. En esta situación, el electricista que casualmente está renovando la electricidad de la casa decide entrar en dicha cocina y te encuentra con un Gremlin rojo y chillón cogido con sus dos manitas al cuello de tu camiseta, que ya está al borde de romper costuras, mientras tu intentas mantener la dignidad, con media teta fuera y estirando del niño en horizontal intentando apartarlo de ti.
Pero no hay dolor, queridas, piensas. De situaciones más rocambolescas se han echo guiones de películas porno, así que si no consigo sacarme la carrera siempre me puedo dedicar a la escritura.
Pero ahí no termina todo. Llega un día en que empieza a comer papillas. Tu vas por la cocina preparándolas tranquilamente mientras él se entretiene chupándole la oreja al perro, cogiendo cada una de las pelusas del suelo y metiéndoselas en la boca, poniendo los dedos en los enchufes y todas esas cosas que hacen los bebés cuando ganan movilidad.
Hierves la zanahoria y las judías verdes, le quitas una pelusa gorda de la boca al niño, descongelas la leche materna, corres porque ves al niño tirando del cable de la nevera, pones a hervir las dos lonchas de pechuga de pollo con un poco de aceite, decides no tentar más a la suerte y metes el niño al parque, trituras las verduras, vuelves a meter el niño al parque porque se ha escapado, trituras la pechuga de pollo, amordazas al niño en la trona, sacas el arroz en polvo del armario, mezclas bien el arroz con la leche materna, lo mezclas con las verduras y el pollo triturado, vas corriendo a por el niño porque ha conseguido alcanzar una revista y se la está comiendo, vuelves a por el bol de papilla, metes el dedo meñique para comprobar que no esté muy caliente, te metes el dedo en la boca...
Un momento. Te has metido papilla en la boca. Papilla con arroz en polvo que has preparado con leche. Leche MATERNA. Y no materna de cualquier teta no, MATERNA DE LAS LAS TETAS DE TU JEFA.
Adiós mundo cruel. Nunca volverás a mirar a tu jefa a los ojos sin pensar: me he metido tu leche en la boca.
Pero no te da tiempo a reflexionar mucho sobre este echo ya que el bebé en cuestión empieza a pedir comida a gritos, porque otra cosa no, pero el ansia de comer de ese niño no es ni medio normal. Tan rápido traga, que antes de que puedas volver a llenar la cuchara ya esta gritando pidiendo que le llenes los mofletes de nuevo. Eso se convierte en una carrera entre el tragando y yo llenando la cuchara y metiéndosela en la boca antes de que grite de nuevo. Empecé a dejar tropezones en la papilla para ver si masticaba y comía más despacio. Os hago saber que no ha funcionado.
Toda historia termina, y esta lo hace del mismo modo que lo hace la comida al recorrer todo nuestro cuerpo: el final oscuro. No podíamos hablar de comida sin hablar de caca, esto es así.
El asunto es que tal y como come, caga. Es decir: mucho y en cantidad. Pero no os preocupéis, no señor. El problema no está en cuando caga, el problema está cuando no lo hace. Todo empieza cuando su madre te dice antes de irse "Esta mañana no ha echo caca". Cuando oyes ese temido "He didn't poop", te tranquiliza saber que no hay mucho en esa barriguita. Pero cuando pasa el día y sigue sin haber rastro de la esperada caca, la cosa empieza a preocupar. Al volver al día siguiente y enterarte de que sigue sin haber soltado el monstruo, empieza el juego. Un horrible juego en turnos de ocho horas en las que deseas que no te toque a ti, entregando al niño al siguiente desafortunado como si de una bomba de relojería se tratara, agradeciendo que no ha explotado contigo, porque sabes que cuando lo haga...
El espectáculo será dantesco.
lunes, 5 de octubre de 2015
Análisis serio: Pocoyo
Desde que soy nanny a jornada completa, y sobretodo desde que el niño ha empezado a comer papillas, necesito de un tiempo que va desde los 5 hasta los 15 minutos para la preparación de la papilla. A poder ser, sin berridos desde la trona entonando un precioso ME-MUERO-DE-HAMBRE-JODIDA-CRIADA-NO-PRODUCTORA-DE-LECHE (eso imagino yo que dice el crío, al juzgar por los gritos de desesperación que pega).
Obviamente esos berridos en cuestión solo se paran de dos maneras:
a) Cuchara en boca
b) Atontaniños a todo volumen
Entiéndase como atontaniños todo programa de televisión infantil que mantenga al niño más de 10 minutos callado y con la mirada fija a la pantalla con una cara parecida a esta:
Y dado que el problema es que la comida no está preparada, la opción a) queda descartada y me he metido en el mundo de los atontaniños.
Me he documentado muy muchoen wikipedia. He investigado durante horas en youtube. Y después del método de prueba y error, he llegado a varios de ellos que dejan a mi niño totalmente empanado. Uno de ellos, como no, es el popularmente conocido como Pocoyo. Varios capitulos después, me veo capacitada para destripar este programa amado y odiado a partes iguales por los que pasamos muchas horas a cargo de niños.
ANÁLISIS SERIO: POCOYO
Personajes
Pocoyó
Es sin duda el protagonista de esta serie, que por algo se titula con su nombre. Se trata de un niño presuntamente de 4 años (dice wikipedia), con graves problemas de logopedia ya que es incapaz de pronunciar nada de forma correcta, con amigos imaginarios raros raros (porque si son reales apaga y vámonos, qué debería llevar la papilla que le han dado al crío) y que lo viste su padre daltónico con ayuda su madre ciega, porque es la única explicación lógica a que el niño en cuestión pueda salir de casa vestido de ese azul horrible de pies a cabeza (literalmente).
Eli
El guionista falopero encendió su primer porro de la noche para crear este personaje: una elefanta rosa que baila ballet y que siempre, siempre, lleva una mochila azul de la que nunca saca nada. ¿Como te quedas? Fuentes exclusivas cercanas a los creadores de la serie me cuentan que el contenido del porro del guionista estaba caducado de hacia largo tiempo.
Pajaroto
Dígase de un pájaro obeso que solo duerme y hace "su gran siesta". Gran ejemplo a seguir para los niños. De su nombre podemos deducir que lo de los diminutivos y aumentativos lo tienen, por decirlo de algún modo, controlado.
Pajarito
Lo que os decía, damos los diminutivos y aumentativos como asignatura convalidada para los creadores.
Pajarito es, valga la redundancia, otro pájaro, que es adicto al speed y que se inyecta Redbull en vena. Cuenta la leyenda que hijo de Pajaroto.
Lula
Aquí, a nuestro amigo el guionista farlopero se le terminó la droga y decidió crear un personaje con pies y cabeza: un perro normalucho con un nombre normalucho, nada de especial y con nombre de perro de lo más simplón.
Pato
Pato, se que os va a sorprender sobremanera, es un pato que trae consigo un desagradable ruido de fondo cada vez que aparece. A la vista de esta falta de imaginación en el nombre, uno se podría pensar que el creador por fin ha recuperado el sentido común y dejado las drogas, que son muy malas, hasta que ves que dicho pato puede girar su pico al mejor estilo hulahoop por su cara. Sin mencionar, claro, que lleva un sombrerito de copa verde pistacho.
Valentina
Es una... ehm... ¿Babosa? amarilla, maquillada como una puerta, bizca y que lleva un lazo azul en la cabeza del tamaño de Huelva. Nada más que añadir.
Situación
Entre un manicomio de los que salen en cuarto milenio y yonkilandia. Metro arriba, metro abajo, no quiero ser muy precisa. Ese fondo absolutamente blanco que se funde con el suelo da mucho que pensar.
Trama
Pocoyo trata de un niño malcriado que hace lo que le da la gana, normalmente dando por saco a todos y cada uno de sus amigos, sea haciendo trastadas, porculeando con un tambor o destruyendo castillos de lego echos por otros. Cada capitulo se basa en uno de estos momentos donde Pocoyo hace algo, acompañado por un narrador que lo trata siempre con indulgencia y le ríe todas las gracias y por toda la tropa de amigos imaginarios. Dicho narrador también se dedica a hacer preguntas donde, supuestamente, el niño que ve el programa tiene que contestar a la vez que unas voces de niño muerto de ultratumba responden con él desde el televisor. Una de ellas es la de un pobre niño pequeño que siempre dejan rezagado y que, obviamente, la pronunciación del idioma la ha adquirido viendo esta serie.
Valoración personal
Yo cambiaría varias cosas de la serie:
Si añadimos estas mejoras a la serie, creo que hasta dejaré que la vean mis hijos. Por ahora, me conformaré con lo que hay, y dejaré que mi niño siga atontado mientras yo trituro zanahorias, manzanas y pechugas de pollo. Espero que ver Pocoyó no le convierta en un adicto al crack cuando crezca.
Obviamente esos berridos en cuestión solo se paran de dos maneras:
a) Cuchara en boca
b) Atontaniños a todo volumen
Entiéndase como atontaniños todo programa de televisión infantil que mantenga al niño más de 10 minutos callado y con la mirada fija a la pantalla con una cara parecida a esta:
Y dado que el problema es que la comida no está preparada, la opción a) queda descartada y me he metido en el mundo de los atontaniños.
Me he documentado muy mucho
ANÁLISIS SERIO: POCOYO
Personajes
Pocoyó
Es sin duda el protagonista de esta serie, que por algo se titula con su nombre. Se trata de un niño presuntamente de 4 años (dice wikipedia), con graves problemas de logopedia ya que es incapaz de pronunciar nada de forma correcta, con amigos imaginarios raros raros (porque si son reales apaga y vámonos, qué debería llevar la papilla que le han dado al crío) y que lo viste su padre daltónico con ayuda su madre ciega, porque es la única explicación lógica a que el niño en cuestión pueda salir de casa vestido de ese azul horrible de pies a cabeza (literalmente).
Eli
El guionista falopero encendió su primer porro de la noche para crear este personaje: una elefanta rosa que baila ballet y que siempre, siempre, lleva una mochila azul de la que nunca saca nada. ¿Como te quedas? Fuentes exclusivas cercanas a los creadores de la serie me cuentan que el contenido del porro del guionista estaba caducado de hacia largo tiempo.
Pajaroto
Dígase de un pájaro obeso que solo duerme y hace "su gran siesta". Gran ejemplo a seguir para los niños. De su nombre podemos deducir que lo de los diminutivos y aumentativos lo tienen, por decirlo de algún modo, controlado.
Pajarito
Lo que os decía, damos los diminutivos y aumentativos como asignatura convalidada para los creadores.
Pajarito es, valga la redundancia, otro pájaro, que es adicto al speed y que se inyecta Redbull en vena. Cuenta la leyenda que hijo de Pajaroto.
Lula
Aquí, a nuestro amigo el guionista farlopero se le terminó la droga y decidió crear un personaje con pies y cabeza: un perro normalucho con un nombre normalucho, nada de especial y con nombre de perro de lo más simplón.
Pato
Pato, se que os va a sorprender sobremanera, es un pato que trae consigo un desagradable ruido de fondo cada vez que aparece. A la vista de esta falta de imaginación en el nombre, uno se podría pensar que el creador por fin ha recuperado el sentido común y dejado las drogas, que son muy malas, hasta que ves que dicho pato puede girar su pico al mejor estilo hulahoop por su cara. Sin mencionar, claro, que lleva un sombrerito de copa verde pistacho.
Valentina
Es una... ehm... ¿Babosa? amarilla, maquillada como una puerta, bizca y que lleva un lazo azul en la cabeza del tamaño de Huelva. Nada más que añadir.
Situación
Entre un manicomio de los que salen en cuarto milenio y yonkilandia. Metro arriba, metro abajo, no quiero ser muy precisa. Ese fondo absolutamente blanco que se funde con el suelo da mucho que pensar.
Trama
Pocoyo trata de un niño malcriado que hace lo que le da la gana, normalmente dando por saco a todos y cada uno de sus amigos, sea haciendo trastadas, porculeando con un tambor o destruyendo castillos de lego echos por otros. Cada capitulo se basa en uno de estos momentos donde Pocoyo hace algo, acompañado por un narrador que lo trata siempre con indulgencia y le ríe todas las gracias y por toda la tropa de amigos imaginarios. Dicho narrador también se dedica a hacer preguntas donde, supuestamente, el niño que ve el programa tiene que contestar a la vez que unas voces de niño muerto de ultratumba responden con él desde el televisor. Una de ellas es la de un pobre niño pequeño que siempre dejan rezagado y que, obviamente, la pronunciación del idioma la ha adquirido viendo esta serie.
Valoración personal
Yo cambiaría varias cosas de la serie:
- Empezaría cada capítulo con un aviso diciendo que las drogas no son buenas, y dando a conocer que todos los fondos recaudados con la emisión irán destinados a alguna organización de drogodependencias, donde obviamente esta ingresado el pobre guionista.
- Contrataría un buen logopeda, que ya puestos, podría ser una tarántula azul con patines, que enseñara a los niños y a Pocoyo a pronunciar correctamente, y a hilar una frase entera, que con 4 años que tiene Pocoyo, no se le oye decir más de tres palabras seguidas.
- Haría una mano animada que le diera un buen sopapo a Pocoyo cada vez que le hace la vida imposible a sus amigos, sobretodo a Pajaroto, que no hay un solo capítulo donde lo deje dormir en paz.
- Adjuntaría subtítulos con ideas de juegos de beber para que los pobres padres que tienen que ver el programa con sus hijos puedan hacerlo felices de la mano de una botella de ron.
- Vestiría a Pocoyo de colores, que no debe costar tanto ponerle a ese pobre niño un chándal ni que sea, y quitarle el gorro, que le va a dar algo a la pobre criatura.
Si añadimos estas mejoras a la serie, creo que hasta dejaré que la vean mis hijos. Por ahora, me conformaré con lo que hay, y dejaré que mi niño siga atontado mientras yo trituro zanahorias, manzanas y pechugas de pollo. Espero que ver Pocoyó no le convierta en un adicto al crack cuando crezca.
viernes, 18 de septiembre de 2015
Hospitales, urgencias y triages
Hoy vengo a hacer una pequeña reflexión sobre como funcionan las cosas hoy en urgencias, y en el país en general.
Sabéis que no suelo publicar muchos detalles personales en el blog, pero pienso que también es importante hacerlo de vez en cuando, ya que esto es mi ventana al mundo y donde puedo expresarme libremente.
Iré directa al grano:
Sufro de migrañas.
Como la mayoría, pensaréis; ¿Quien no ha sufrido alguna vez una migraña? Pero no, no soy una de esas personas que tienen un dolor de cabeza fuerte un par de veces al año. No, no tengo poca tolerancia al dolor. No, tampoco me he autodiagnosticado el "tengo migrañas".
Sufro de migrañas. De las de verdad.
Estoy periódicamente controlada por un neurólogo desde hace cuatro años. Tengo una medicación especifica asignada para la migraña. De esas medicaciones que solo venden con receta médica, que te cuesta 22 euros la caja aún entrando por la seguridad social (que por cierto, consta de un número ridículo de pastillas) y que debo llevar siempre encima, por si me entra una migraña no tener que irme directa a casa mientras voy perdiendo el mundo de vista poco a poco.
Os estaréis preguntando porque os estoy contando esto. Se que no pega para nada ni con la temática del blog, ni con mi habitual forma de expresarme, pero tened paciencia.
Ahora os contaré como es una de mis migrañas, y sus fases:
FASE 1: Dolor pulsante de cabeza, en la zona frontal, encima del ojo derecho. Sensación de mareo ligero.
FASE 2: Extensión de ese dolor pulsante al resto del lado derecho de la cabeza. Sensación de mareo más aguda. Posibilidad de vómitos.
FASE 3: El dolor de cabeza se extiende por toda la frente, el lado derecho y por la zona de detrás de los ojos. Mareo. Pesadez en los parpados. Fotosensibilidad aguda. Hiperacusia aguda (esto es hipersensibilidad al ruido). Posibilidad de vómitos.
FASE 4: El dolor de cabeza es permanente y ya no se distingue ninguna zona concreta de afección máxima. Todos los síntomas expuestos en la fase 3, a los que se suman temblores más o menos pronunciados en las extremidades, que aumentan progresivamente, dificultad para el habla (voz baja, arrastrar las palabras, boca seca). Imposibilidad para dormir debido al dolor agudo.
FASE 5: Inutilidad total. Todo lo expuesto en la fase 4, añadiendo posible visión distorsionada (borrosa, ver doble, no ver de lejos) y mareo extremo (sensación de que el mundo gira cuando estas tumbado quieto, por ejemplo).
El caso es que la pastilla que antes os mencionaba, me la tengo que tomar una vez estoy en la fase 1, como mucho en la fase 2. Muchas veces llego a la fase 3 antes de que la pastilla haga efecto y remita la migraña. A veces simplemente la pastilla no hace efecto, y debo tomarme otra a las dos horas si la migraña no ha remitido o ha ido a más. Algunas veces ni por esas funciona la cosa y la migraña sigue su curso hasta la fase 4 y posteriores. Otras veces simplemente vomito poco después de tomarme la pastilla y esta no llega a hacer ningún efecto.
En estos casos, tengo que ir al hospital, a urgencias, a que me pinchen la medicación, ya que en los centro de atención primaria, por desgracia, o no pueden administrármela, o me recetan un helocatil y me dicen de pedir hora al día siguiente con mi medico de cabecera (os juro que esto me ha pasado ni una, ni dos, sino tres veces) o directamente están cerrados.
Y todo este rollo os lo cuento porque de esto vengo a hablaros hoy, de los triages de los hospitales.
Como habéis leído antes, en el momento en el que yo llego a urgencias, estoy en la fase 3 de la migraña. Entonces me dan un papel y me mandan a la sala de espera.
Aquí es donde empieza la agonía. Los hospitales no están echos para las personas con migraña, mucho menos las salas de espera. La de mi hospital de referencia, por poner un ejemplo, es una sala enorme, al lado de dónde aparcan las ambulancias (figuraros el ruido), una iluminaria que ni en el mejor de los días de agosto, a las dos del mediodía en una playa del sur se llega a tener. Con maquinas expendedoras que hacen un ruido atronador y pitan sin motivo alguno. Por no hablar de los indicadores, únicamente acústicos y a todo volumen, que hay en esa sala ("Sergio Fernandez, consulta 5, Sergio Fernandez, consulta 5", porque no tienen bastante con una vez, que deben repetirlo). Y la gente, los otros pacientes, que siempre hay el que no puede evitar hablar por el móvil a todo volumen, o gritarle a un niño, o simplemente, ponerse a charlar como si eso fuera un parque.
Pero pensaréis, "Una persona en tu estado, la atienden rápido en un triage". Eso no es cierto. Resulta que la migraña no es una enfermedad que se considere preferente en urgencias. Ningún tipo de migraña. Y quiero resaltar esto, porque con otras enfermedades si que se hacen distinciones según el grado. El dolor no importa, siempre que este no te mate, esa es la consigna.
El tratamiento que me hacen a mi cuando me atienden (pincharme la medicación) se hace, literalmente, en diez minutos: me miden el azúcar, la presión, la coordinación y finalmente me inyectan la medicación. Y para casa.
Esa es la teoría. A la práctica me dejan en la sala de espera, tumbada en tres sillas de plástico o directamente en el suelo, porque sentada me mareo más. Y a esperar. Podéis imaginaros que la migraña no se para solo por el echo de cruzar las puertas del hospital, sino que necesita de la medicación, y tiene una evolución muy rápida (en un plazo de dos horas puedes pasar de estar bien a la fase 5, si no tomas ninguna medicación).
Mientras tanto, en esa sala, veo pasar por delante mio a gente que trae a niños con un resfriado, a los que se han levantado con dolor de pie y a los que han pillado una conjuntivitis. ¿Porque? Bien, porque se quejan más que yo. Esa es la triste realidad. Se quejan más, y por cansinos les pasan antes por el triage. Se quejan a voz de grito, eso si, de que llevan muchas horas esperándose, mientras yo, que he llegado antes que ellos, me quedo callada.
Van pasando los minutos. Y los minutos se convierten en horas. Yo entro en la fase 4 de la migraña, pero el padre del niño con un resfriado se ha quejado tanto de que el niño esta a 38'5º de fiebre que a pesar de llevar ahí solo 20 minutos, lo pasan antes. Mi padre le pide amablemente a la enfermera una bolsa por si vomito.
Pasan dos horas... Y yo ya no soy ni capaz de levantarme, pero el señor con la conjuntivitis ha perdido toda la educación con la señora enfermera de la recepción, y lo acaban de hacer pasar. Mi padre avisa a la enfermera de que estoy muy muy mareada y que le he dicho que empiezo a ver doble.
Pasan tres horas... Y yo ya estoy en la fase 5, pero el chaval del pie empieza a alegar que le duele tanto tanto que no puede más, y también entra antes que yo. Todos los que he mencionado antes han salido tan campantes de la consulta, como si solo con ir ahí se les hubieran pasado todos los males. El chaval del pie sale sin siquiera llevarlo vendado. Mi padre avisa a la enfermera que mis temblores ya han dejado de ser temblores, que más bien parecen convulsiones. Ni siquiera se molestan en venir a mirar como estoy.
Pasan 4 horas. 4 horas de intensa agonía. Agonía de verdad. Soy incapaz casi ni de abrir los ojos, apenas puedo hablar. Me duele tanto la cabeza que ni siquiera se que me duele exactamente. Mi padre no puede más y pierde toda educación con las enfermeras. A mi eso me lo cuentan luego, yo solo oigo gritos de fondo.
Y llega el milagro. Después de que mi padre perdiera la educación, entonces si que me llaman a consulta. Tardo cinco minutos de reloj en avanzar los diez metros que me separan de la puerta. Nada más verme entrar, el medico me hace pasar a una sala interior con camillas y semioscuridad, preguntándole a mi padre que como me han dejado llegar a este estado antes de traerme al hospital, mientras que mi padre le responde de malos modos que llevamos más de 4 horas esperando. Me hacen las pruebas pertinentes, me preguntan cosas que responde mi padre porque yo ya no estoy receptiva. Me pinchan (o me sedan, que se yo, solo se que me quedo frita casi al instante) y me dejan ingresada todo lo que queda de noche. Los siguientes dos días me los paso en cama, en casa, todavía con replicas de dicha migraña.
Eso es lo que me pasó el ultimo día que fui a urgencias. Me da miedo tener que volver.
Porque el problema seguirá ahí. En los múltiples triages que he vivido con las migrañas, la división que hacen es la siguiente: los que se están muriendo, y los que no. Y de este ultimo grupo, cuanto más chillas, mas te quejas y más borde eres, antes de atienden.
De eso van hoy los tiages, y los he vivido no solo en Barcelona, sino también a lo largo y ancho de la península en los periodos de vacaciones. Este solo es un ejemplo del tipo de educación que tenemos en este país, y el modo de funcionar.
Grita y se un capullo, que las cosas así llegan antes y mejor, sin importar el como o a quien pises para conseguir lo que quieres.
Si esa es la metodología, como bien decía una amiga mía, es "adaptarse o morir".
Yo ya he aprendido la lección. Mi padre también. En la próxima migraña, que pasará tarde o temprano, mi padre será uno de esos padres imbéciles de los que les grita a las enfermeras a los veinte minutos de estar en la sala de espera. Nadie se merece cuatro horas y media de agonía por el simple echo de tener (y mostrar) un poco de educación, así que, con todo mi pesar, vamos a dejar de tenerla.
Perdón por adelantado.
Sabéis que no suelo publicar muchos detalles personales en el blog, pero pienso que también es importante hacerlo de vez en cuando, ya que esto es mi ventana al mundo y donde puedo expresarme libremente.
Iré directa al grano:
Sufro de migrañas.
Como la mayoría, pensaréis; ¿Quien no ha sufrido alguna vez una migraña? Pero no, no soy una de esas personas que tienen un dolor de cabeza fuerte un par de veces al año. No, no tengo poca tolerancia al dolor. No, tampoco me he autodiagnosticado el "tengo migrañas".
Sufro de migrañas. De las de verdad.
Estoy periódicamente controlada por un neurólogo desde hace cuatro años. Tengo una medicación especifica asignada para la migraña. De esas medicaciones que solo venden con receta médica, que te cuesta 22 euros la caja aún entrando por la seguridad social (que por cierto, consta de un número ridículo de pastillas) y que debo llevar siempre encima, por si me entra una migraña no tener que irme directa a casa mientras voy perdiendo el mundo de vista poco a poco.
Os estaréis preguntando porque os estoy contando esto. Se que no pega para nada ni con la temática del blog, ni con mi habitual forma de expresarme, pero tened paciencia.
Ahora os contaré como es una de mis migrañas, y sus fases:
FASE 1: Dolor pulsante de cabeza, en la zona frontal, encima del ojo derecho. Sensación de mareo ligero.
FASE 2: Extensión de ese dolor pulsante al resto del lado derecho de la cabeza. Sensación de mareo más aguda. Posibilidad de vómitos.
FASE 3: El dolor de cabeza se extiende por toda la frente, el lado derecho y por la zona de detrás de los ojos. Mareo. Pesadez en los parpados. Fotosensibilidad aguda. Hiperacusia aguda (esto es hipersensibilidad al ruido). Posibilidad de vómitos.
FASE 4: El dolor de cabeza es permanente y ya no se distingue ninguna zona concreta de afección máxima. Todos los síntomas expuestos en la fase 3, a los que se suman temblores más o menos pronunciados en las extremidades, que aumentan progresivamente, dificultad para el habla (voz baja, arrastrar las palabras, boca seca). Imposibilidad para dormir debido al dolor agudo.
FASE 5: Inutilidad total. Todo lo expuesto en la fase 4, añadiendo posible visión distorsionada (borrosa, ver doble, no ver de lejos) y mareo extremo (sensación de que el mundo gira cuando estas tumbado quieto, por ejemplo).
El caso es que la pastilla que antes os mencionaba, me la tengo que tomar una vez estoy en la fase 1, como mucho en la fase 2. Muchas veces llego a la fase 3 antes de que la pastilla haga efecto y remita la migraña. A veces simplemente la pastilla no hace efecto, y debo tomarme otra a las dos horas si la migraña no ha remitido o ha ido a más. Algunas veces ni por esas funciona la cosa y la migraña sigue su curso hasta la fase 4 y posteriores. Otras veces simplemente vomito poco después de tomarme la pastilla y esta no llega a hacer ningún efecto.
En estos casos, tengo que ir al hospital, a urgencias, a que me pinchen la medicación, ya que en los centro de atención primaria, por desgracia, o no pueden administrármela, o me recetan un helocatil y me dicen de pedir hora al día siguiente con mi medico de cabecera (os juro que esto me ha pasado ni una, ni dos, sino tres veces) o directamente están cerrados.
Y todo este rollo os lo cuento porque de esto vengo a hablaros hoy, de los triages de los hospitales.
Como habéis leído antes, en el momento en el que yo llego a urgencias, estoy en la fase 3 de la migraña. Entonces me dan un papel y me mandan a la sala de espera.
Aquí es donde empieza la agonía. Los hospitales no están echos para las personas con migraña, mucho menos las salas de espera. La de mi hospital de referencia, por poner un ejemplo, es una sala enorme, al lado de dónde aparcan las ambulancias (figuraros el ruido), una iluminaria que ni en el mejor de los días de agosto, a las dos del mediodía en una playa del sur se llega a tener. Con maquinas expendedoras que hacen un ruido atronador y pitan sin motivo alguno. Por no hablar de los indicadores, únicamente acústicos y a todo volumen, que hay en esa sala ("Sergio Fernandez, consulta 5, Sergio Fernandez, consulta 5", porque no tienen bastante con una vez, que deben repetirlo). Y la gente, los otros pacientes, que siempre hay el que no puede evitar hablar por el móvil a todo volumen, o gritarle a un niño, o simplemente, ponerse a charlar como si eso fuera un parque.
Pero pensaréis, "Una persona en tu estado, la atienden rápido en un triage". Eso no es cierto. Resulta que la migraña no es una enfermedad que se considere preferente en urgencias. Ningún tipo de migraña. Y quiero resaltar esto, porque con otras enfermedades si que se hacen distinciones según el grado. El dolor no importa, siempre que este no te mate, esa es la consigna.
El tratamiento que me hacen a mi cuando me atienden (pincharme la medicación) se hace, literalmente, en diez minutos: me miden el azúcar, la presión, la coordinación y finalmente me inyectan la medicación. Y para casa.
Esa es la teoría. A la práctica me dejan en la sala de espera, tumbada en tres sillas de plástico o directamente en el suelo, porque sentada me mareo más. Y a esperar. Podéis imaginaros que la migraña no se para solo por el echo de cruzar las puertas del hospital, sino que necesita de la medicación, y tiene una evolución muy rápida (en un plazo de dos horas puedes pasar de estar bien a la fase 5, si no tomas ninguna medicación).
Mientras tanto, en esa sala, veo pasar por delante mio a gente que trae a niños con un resfriado, a los que se han levantado con dolor de pie y a los que han pillado una conjuntivitis. ¿Porque? Bien, porque se quejan más que yo. Esa es la triste realidad. Se quejan más, y por cansinos les pasan antes por el triage. Se quejan a voz de grito, eso si, de que llevan muchas horas esperándose, mientras yo, que he llegado antes que ellos, me quedo callada.
Van pasando los minutos. Y los minutos se convierten en horas. Yo entro en la fase 4 de la migraña, pero el padre del niño con un resfriado se ha quejado tanto de que el niño esta a 38'5º de fiebre que a pesar de llevar ahí solo 20 minutos, lo pasan antes. Mi padre le pide amablemente a la enfermera una bolsa por si vomito.
Pasan dos horas... Y yo ya no soy ni capaz de levantarme, pero el señor con la conjuntivitis ha perdido toda la educación con la señora enfermera de la recepción, y lo acaban de hacer pasar. Mi padre avisa a la enfermera de que estoy muy muy mareada y que le he dicho que empiezo a ver doble.
Pasan tres horas... Y yo ya estoy en la fase 5, pero el chaval del pie empieza a alegar que le duele tanto tanto que no puede más, y también entra antes que yo. Todos los que he mencionado antes han salido tan campantes de la consulta, como si solo con ir ahí se les hubieran pasado todos los males. El chaval del pie sale sin siquiera llevarlo vendado. Mi padre avisa a la enfermera que mis temblores ya han dejado de ser temblores, que más bien parecen convulsiones. Ni siquiera se molestan en venir a mirar como estoy.
Pasan 4 horas. 4 horas de intensa agonía. Agonía de verdad. Soy incapaz casi ni de abrir los ojos, apenas puedo hablar. Me duele tanto la cabeza que ni siquiera se que me duele exactamente. Mi padre no puede más y pierde toda educación con las enfermeras. A mi eso me lo cuentan luego, yo solo oigo gritos de fondo.
Y llega el milagro. Después de que mi padre perdiera la educación, entonces si que me llaman a consulta. Tardo cinco minutos de reloj en avanzar los diez metros que me separan de la puerta. Nada más verme entrar, el medico me hace pasar a una sala interior con camillas y semioscuridad, preguntándole a mi padre que como me han dejado llegar a este estado antes de traerme al hospital, mientras que mi padre le responde de malos modos que llevamos más de 4 horas esperando. Me hacen las pruebas pertinentes, me preguntan cosas que responde mi padre porque yo ya no estoy receptiva. Me pinchan (o me sedan, que se yo, solo se que me quedo frita casi al instante) y me dejan ingresada todo lo que queda de noche. Los siguientes dos días me los paso en cama, en casa, todavía con replicas de dicha migraña.
Eso es lo que me pasó el ultimo día que fui a urgencias. Me da miedo tener que volver.
Porque el problema seguirá ahí. En los múltiples triages que he vivido con las migrañas, la división que hacen es la siguiente: los que se están muriendo, y los que no. Y de este ultimo grupo, cuanto más chillas, mas te quejas y más borde eres, antes de atienden.
De eso van hoy los tiages, y los he vivido no solo en Barcelona, sino también a lo largo y ancho de la península en los periodos de vacaciones. Este solo es un ejemplo del tipo de educación que tenemos en este país, y el modo de funcionar.
Grita y se un capullo, que las cosas así llegan antes y mejor, sin importar el como o a quien pises para conseguir lo que quieres.
Si esa es la metodología, como bien decía una amiga mía, es "adaptarse o morir".
Yo ya he aprendido la lección. Mi padre también. En la próxima migraña, que pasará tarde o temprano, mi padre será uno de esos padres imbéciles de los que les grita a las enfermeras a los veinte minutos de estar en la sala de espera. Nadie se merece cuatro horas y media de agonía por el simple echo de tener (y mostrar) un poco de educación, así que, con todo mi pesar, vamos a dejar de tenerla.
Perdón por adelantado.
viernes, 4 de septiembre de 2015
Los días cualquiera
Hay un día que todo cambia.
La vida da un vuelco porque si, sin que lo planees ni lo esperes. Sales de casa para ir a trabajar, como un día cualquiera, y pasan las cosas que suelen pasar en un día cualquiera: los niños te intentan torear a la mínima, gritas, sueñas con niños que no parezcan salvajes, cantas, juegas, escuchas ocurrencias de lo más originales y te ríes muchísimo.
Suena la campana de las cinco, una compañera te hace el favor de prestarte ropa para parecer decente y sin olores sospechosos después de que un niño explosionara por la boca encima tuyo. Pretendes irte directamente a casa pero te acaban convenciendo para que tu y tu ropa prestada vayáis un rato a tomar algo al centro.
Vas cargando tu bolso viejo y calzando unas Vans desgastadas, sin ganas de nada, y ¡sorpresa! Ese día todo cambia.
Alguien, aunque tu no lo sepas aún, llega para quedarse.
Tu simple y básica aunque muy pensada planificación de los años venideros se va al traste y acabas viviendo con un pie aquí y otro allí, reflexionando sobre qué tachar de esos planes y qué tratar de tirar para adelante.
Pero poco a poco te das cuenta de que no hace falta. Ese alguien llega para quedarse, pero por suerte, lo hace para estar a tu lado, no para ponerse delante.
Ese mismo alguien sigue ahí, después de tanto tiempo de planes fallidos, errores y aciertos, despidos y trabajos nuevos que te permiten, con un poco de suerte, llegar a casa con (más o menos) la misma ropa con la que saliste. De todos modos, cuando sales echa un trapo también te dice lo guapa que estas hoy. Te aguanta en tus buenos momentos y en los que el nivel de cabreo roza lo inaguantable. Le cae bien a todos tus amigos, a la familia, incluso a la perra (que ya es difícil).
Te sonríe cuando le cuentas tus más descabellados sueños y planes futuros, ampliamente conocidos ya que estos estaban antes de que llegara ese día cualquiera y lo cambiara todo.
O quizá no cambió nada, más que en esos sueños y planes que antes tenía en solitario, ahora también está incluido, pese a que mañana, otro día cualquiera más, ya estará oficialmente más cerca de los treinta que de los veinte.
miércoles, 12 de agosto de 2015
15 Reacciones a cosas muy Guiris (Barcelona Edition)
Querido guiri que visitas Barcelona en agosto;
Agradezco de corazón que hagas turismo en mi tierra en estas fechas tan señaladas, donde la gran mayoría de población autóctona está de vacaciones y en las calles solo vas a encontrar a otros compatriotas guiris a los que acudir. O a pringados como yo que a 35º a la sombra y con una humedad de la buena estamos trabajando todo el maldito mes en esta querida ciudad.
También agradezco que nunca dejéis de sorprenderme. De verdad. No se como se os ocurren esas salvajadas que hacéis.
Pero lo que más agradezco la capacidad que tenéis de dar el cante, alegrándome el día con esas cosas que tenéis, y esas ideas de bombero que os llegan por inspiración divina.
Para agradeceros los buenos momentos que me brindáis cada octavo mes, os he preparado una lista de los mejores instantes queos he visto hacer desde la lejanía hemos pasado juntos.
Con amor,
A.
1. Cuando el estadounidense de delante tuyo en el Mcdonnalds pide un milkshake con un Dr.Pepper y al oír que eso aquí no se vende se crea más tensión que en el bautizo de un Gremlin.
2. Cuando veo a guiris bañándose en las fuentes de Plaza Cataluña.
3. Cuando un guiri te pregunta por que calle se va al Camp Nou estando en Plaza Catalaunya.
4. Cuando ves a guiris con sombreros de mariachi por el Port Vell.
5. Cuando ese mismo guiri momentos después está sentado en una de las terrazas de los restaurantes de la Rambla saboreando un buen arroz amarillo pollo (cuenta la leyenda que es paella) remojado en sangría, y cree estar disfrutando a tope de nuestra cultura.
6. Cuando guiris despelotados se pasean al mediodía por el Paseo Marítimo, y puedes predecir su futuro horas después.
7. Cuando te encuentras a los enésimos alemanes que llevan dos días y tres noches perdidos por los túneles del metro y te miran con envidia por la decisión de tus pasos.
8. Cuando te dicen que quieren llegar a Plaza España... y están en el anden de la linea lila en Badalona.
9. Cuando otro guiri más cae victima de una lipotimia esperando un tren en Plaza Cataluña.
10. Cuando ves a un grupo de asiáticos uniformados con esas camisetas horteras del dragón del Parque Güell, en formación tortuga por todo el medio de la rambla.
11. O cuando se ponen pamelas imposibles encima de la cabeza.
12. Cuando guías turísticos con paraguas, palos, pañuelos de colores o banderines en alto, te arrollan para dejar pasar a su tropa particular de guiris.
13. Cuando ves los espectáculos e intentos de taparse hasta las rodillas y los hombros en la puerta de la Catedral. O mejor, al verlos salir...
14. Cuando otro grupo de guiris borrachos arman jaleo por la noche.
15. Cuando, por mucho que lo intenten, no pueden evitar parecer guiris. Así que por favor...
Agradezco de corazón que hagas turismo en mi tierra en estas fechas tan señaladas, donde la gran mayoría de población autóctona está de vacaciones y en las calles solo vas a encontrar a otros compatriotas guiris a los que acudir. O a pringados como yo que a 35º a la sombra y con una humedad de la buena estamos trabajando todo el maldito mes en esta querida ciudad.
También agradezco que nunca dejéis de sorprenderme. De verdad. No se como se os ocurren esas salvajadas que hacéis.
Pero lo que más agradezco la capacidad que tenéis de dar el cante, alegrándome el día con esas cosas que tenéis, y esas ideas de bombero que os llegan por inspiración divina.
Para agradeceros los buenos momentos que me brindáis cada octavo mes, os he preparado una lista de los mejores instantes que
Con amor,
A.
15 Reacciones a cosas muy Guiris
-Barcelona Edition-
1. Cuando el estadounidense de delante tuyo en el Mcdonnalds pide un milkshake con un Dr.Pepper y al oír que eso aquí no se vende se crea más tensión que en el bautizo de un Gremlin.
3. Cuando un guiri te pregunta por que calle se va al Camp Nou estando en Plaza Catalaunya.
4. Cuando ves a guiris con sombreros de mariachi por el Port Vell.
5. Cuando ese mismo guiri momentos después está sentado en una de las terrazas de los restaurantes de la Rambla saboreando un buen arroz amarillo pollo (cuenta la leyenda que es paella) remojado en sangría, y cree estar disfrutando a tope de nuestra cultura.
6. Cuando guiris despelotados se pasean al mediodía por el Paseo Marítimo, y puedes predecir su futuro horas después.
7. Cuando te encuentras a los enésimos alemanes que llevan dos días y tres noches perdidos por los túneles del metro y te miran con envidia por la decisión de tus pasos.
8. Cuando te dicen que quieren llegar a Plaza España... y están en el anden de la linea lila en Badalona.
9. Cuando otro guiri más cae victima de una lipotimia esperando un tren en Plaza Cataluña.
10. Cuando ves a un grupo de asiáticos uniformados con esas camisetas horteras del dragón del Parque Güell, en formación tortuga por todo el medio de la rambla.
11. O cuando se ponen pamelas imposibles encima de la cabeza.
12. Cuando guías turísticos con paraguas, palos, pañuelos de colores o banderines en alto, te arrollan para dejar pasar a su tropa particular de guiris.
14. Cuando otro grupo de guiris borrachos arman jaleo por la noche.
miércoles, 24 de junio de 2015
Recetario de la buena au pair: Boloñesa (la de verdad)
Cuando era au pair me faltaban recetas para cocinar. Esto es así. Aquí en España la gente come muy variado pero en otros lados, como no te cocines tu, comes puré de patata, patata al horno o cualquier variante de la patata día si día no como no te pongas tu manos a la obra. Por esa misma razón, voy a seguir con este apartado de "Recetario de la buena au pair" que abandoné hace tanto tiempo. Y empezaremos con una receta de boloñesa (pero de la de verdad).
En mi casa siempre se había cocinado boloñesa como en la mayoría de casa en este país: carne picada con salsa de tomate. Y arreando. Los exquisitos le ponían cebolla. Pero la menda es muy fan de la pasta y un día se le ocurrió buscar recetas de la boloñesa autentica, la que se cocina en Italia. Encontré entonces una receta que no se le parece en nada a lo que hacemos aquí (empezando por poner la pasta que toca, y no los espaguetis típicos), y hoy voy a compartir este conocimiento secreto con vosotros, con fotos y todo (echas con el móvil así que no son muy maravillosas).
Aquí tenéis el paso a paso:
BOLOÑESA
(la de verdad)
Ingredientes:
(para 5 personas, más o menos, que esto es muy relativo)
250g de carne picada de ternera
250g de carne picada de cerdo
200g de zanahoria
200g de apio
150g de cebolla
500g Tomate triturado
400g de Tallarines (de los gordos) al huevo
Parmesano para rallar
Mantequilla
Aceite
Sal
Orégano
Preparación:
Preparamos la cantidad indicada de zanahoria, cebolla y apio (el peso que hay en ingredientes se refiere a los gramos que ha de tener cada ingrediente una vez esta pelado y limpio).
Cortamos la zanahoria, el apio y la cebolla en dados muy pequeños (de 5mm).
Se pasan estos ingredientes por la sartén (yo uso un wok, por comodidad, ya que así puedo hacer toda la receta en el mismo sitio sin ensuciar mucho, y no se pega) con mantequilla y un chorrito de aceite hasta que se ablanden, unos 25 minutos.
Se marcan los 500g de carne picada (justo al punto en que ya no está roja, pero esta muy poco echa).
Una vez tenemos la carne marcada, añadimos los tacos de zanahoria, apio y cebolla que hemos pochado anteriormente, el tomate triturado y sal al gusto. Lo mezclamos todo.
Cuando esté todo mezclado con el tomate, añadimos agua a temperatura ambiente hasta cubrir toda la mezcla y dejamos que reduzca a fuego lento entre 1 y 2 horas y media (o el tiempo que veamos oportuno para que la salsa quede compacta a nuestro gusto). Removemos periódicamente para que no se pegue.
Una vez la salsa esta compacta, echamos un poco de orégano, removemos y lo dejamos a fuego lento 10 minutos más (que podemos aprovechar para hervir la pasta), y ya estará lista para servir.
Servimos la pasta, añadimos la salsa boloñesa y lo espolvoreamos todo con un poco de Parmesano recién rallado.
¡Que aproveche!
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